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Mostrando entradas de febrero, 2011

El aprendiz de alfarero

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Hace algún tiempo, no muy lejos de aquí, conocí a un niño. Tenía siempre el pelo alborotado y negro. Los ojos grandes e inquietos. El corazón grande y generoso. Desde pequeño había pasado las tardes barriendo aquel taller de alfarería y siempre se enfadaba maldiciendo su suerte por no poder estar jugando con los demás niños.

Pero un día algo llamó su atención. Permaneció inmóvil y mirando al alfarero en silencio. Sin atreverse a decir tan siquiera una palabra. Jeremías, que así se llama el niño de esta historia, intentaba ver algo por encima de aquellos anchos y robustos hombros. Se quedó tan fascinado que le costaba trabajo cerrar la boca.

Con suavidad el alfarero le puso un trozo de barro entre sus manos. Pero por mucho que lo intentaba, el pequeño Jeremías no era capaz de hacer lo mismo que él. "En fin, sería cuestión de practica" parecía decirse a sí mismo. Y una y otra vez ponía las manos en el barro y hacía girar el torno hasta que salía alguna pieza más o menos acept…

Había una vez...

El cielo estaba gris. El día se había presentado especialmente repetitivo y rutinario y todo hacía presagiar que nada nuevo iba alterar aquel inflexible horario. Eso en el fondo le hacía sentir bien. Todo estaba bajo control. El eje de su cuerpo estaba perfectamente armonizado y no había apenas hueco para la sorpresa. Al menos eso pensaba él...

Entre sombras

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(Entre sombras - Siro López)
Camino entre las sombras, como escondiéndome de las miradas ajenas. Tan sólo pido un hueco para la soledad.

Aprender a bailar bajo la lluvia

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(Vida Interior - Siro López)
Hoy me siento en la terrible necesidad de tener que aprender a bailar bajo la lluvia. Me siento triste.

Tan lejos y tan cerca

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Aún con la mirada fija en tantos espacios, en esos colores de indescriptibles tonalidades, en esas estampas exóticas que aún me cuesta discernir si no serán tan sólo postales de ficción.


De lo que somos capaces

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Una especie de asombro, de incredulidad, de expectación. La necesidad de contemplar en silencio la inmensidad. La necesidad de despedirte mentalmente de un paisaje, o más bien, de grabar en tu recuerdo la imagen, el cuadro de lo que se te impone a los ojos. Pero, me ocurre con frecuencia, que no tengo unos recuerdos demasiado vivos de casi nada. Y, además, no me gusta demasiado ver fotos: me estropean los recuerdos. Ahora que lo pienso, creo que prefiero tener malos recuerdos a tener buenas imágenes. No sé, yo no soy capaz de más. Y mi memoria me lo recuerda, qué ironía.

Un comienzo...

Sin nada espectacular que mostrar, un sencillo y humilde comienzo que sirva como ensayo de algo nuevo.