Había una vez...


El cielo estaba gris. El día se había presentado especialmente repetitivo y rutinario y todo hacía presagiar que nada nuevo iba alterar aquel inflexible horario. Eso en el fondo le hacía sentir bien. Todo estaba bajo control. El eje de su cuerpo estaba perfectamente armonizado y no había apenas hueco para la sorpresa. Al menos eso pensaba él...

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