La catástrofe en Japón y la teodicea postmoderna

Descubro una mirada atónita y pegada a la pantalla. Recuerdo las primeras horas de la catástrofe cuando nos gloriábamos de que un terremoto descomunal no había podido vencer el ingenio japonés. Ahora, que la cifra de muertos y desaparecidos (en estas circunstancias viene a ser lo mismo) supera la cifra de los diez mil, me siento un tanto ridículo recordando las primeras reflexiones.

En 1755 tuvo lugar un terremoto que arrasó Lisboa completamente y sus efectos afectaron seriamente a una parte de Marruecos, España y evidentemente Portugal. En pleno siglo XVIII, el siglo de la de las luces, los esfuerzos se centraron en la reconstrucción; pero no tardó en generarse todo un discurso de ideas en torno a aquella catástrofe natural a la que no podían dar explicación alguna. Supuso, con Leibniz a la cabeza, el nacimiento de lo que hoy conocemos como teodicea.

Por decirlo en pocas palabras, se enfrentaban al problema de cómo explicar la existencia del mal en el mundo y más específicamente si es compatible la existencia de un dios bueno y todopoderoso con la existencia del mal. Evidentemente, esta pregunta ha estado en el aire y ha surgido y resurgido al albur de otros acontecimientos históricos, especialmente en época de guerras mundiales (con el subsiguiente nacimiento del movimiento existencialista)

Irónicamente, el proyecto ilustrado y sus valores hizo crisis de forma patente por la desconfianza del ser humano ante sí mismo y el reconocimiento de que la razón por sí sola, no sólo está a la intemperie ante la pregunta de la teodicea, sino que es capaz de generar verdaderas monstruosidades. Dicho de otro modo, con las bombas de Hiroshima y Nagasaki se puso fecha al fin de la modernidad y se dio la bienvenida al proyecto posmoderno.

Hoy, ante la catástrofe natural y tecnológica más violenta de las últimas décadas (terremoto, más tsunami,  más contaminación radioactiva), algo también hace crisis. No es menos importante que haya ocurrido en el país abanderado de la tecnología y del capitalismo bursátil; pues, hoy no se nos piden donativos, no es dinero lo que falta. Aunque les vaya a costar sudor y lágrimas, en Japón harán de su reconstrucción una oportunidad para el crecimiento económico, estoy seguro. Sin embargo, algo está haciendo crisis en el proyecto postmoderno. Tengo esa intuición y quizá la desarrolle en futuras entradas... 

El sintoísmo y ese budismo heterodoxo tan genuino de la sociedad tradicional japonesa les abrirá la puerta a lo que más necesitan hoy: esperanza. Nosotros, quizá lo que necesitamos es que volvamos a tomarnos en serio el cuestionamiento de la teodicea y miremos de frente al abismo de la existencia con el eco de la interrogación: "¿por qué tienen que pasar estas cosas?"

Comentarios

  1. Sencillamente excelente, Javi. Fantástico resumen del nacimiento de filosofías y posicionamientos ante la vida unidos a acontecimentos concretos. QUizá lo más triste que nos sucede hoy en Occidente es que amalcenamos acontecimientos en bases de imágenes, pero tales acontecimeintos nogeneran nuevas ideas, nuevas corrientes, sólo pensamientos y posicionamientos fragmentados débiles, como si estuviéramos cansados, ahítos, de vuelta de todo, un extraño nihilismo ligth se ha adueñado de nosotros. A todo eso se suma la inptitud política generalizada y la insaciable sed del Dios dinero encarnado en el libre mercado... GRacias, Javi, espero que prosigas tu reflexión en torno a la necesaria teodicea actual. ELENA

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  2. Muchas gracias por tu comentario y por animarme a continuar.

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  3. Porque pasan, sin más... la naturaleza tiene sus leyes, ni Dios ni los hombres podemos controlarlas, ¡bueno!, los hombres en una aspiración estúpida , jugamos a controlarlas... A mi lo que me preocupa, y muy seriamente, es que pase un hecho así de sobrecogedor, y no nos suscite preguntas, que no nos cuestione nuestra propia existencia, su finitud, su fragilidad, su finalidad, ¿para qué estamos en este mundo?...
    Un saludo, Javi, gracias por tu reflexión.

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