S.T., 2008, óleo/lienzo, 114x195 cm.


Escondido como detrás de una columna o parapetado tras un periódico (a modo de una película de espías) la mirada de Cuasante se me antoja discreta y respetuosa con la realidad. Esa mirada amable que pasa desapercibida para quienes son observados. Sin título. Es como si le diese vergüenza apropiarse de ese trocito de realidad. Tanto es así, que hay que escudriñar el lienzo para descubrir su firma camuflada en algún detalle. Mirando a quien mira.

Ya había visitado otras exposiciones de José María Cuasante, con este realismo suyo tan cargado de color, que ha sabido hacer de lo cotidiano y del detalle una escena pop art. Cuasante no tiene la mirada de quien se sabe observado a su vez (al estilo Warhol), sino de quien tiene la certeza de que no será descubierto. De quien se sabe tan sólo testigo de las luces y las sombras de la realidad. De quien consigue descubrirnos lo maravilloso en lo cotidiano. Mirando esta pequeña muestra de Cuasante me ha llenado de color la mirada.

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