Una teodicea postmoderna (a propósito de la catástrofe en Japón) (y2)

Antes de que comiences a leer, mis disculpas. Seguramente cambie de parecer y modifique mis argumentos con el paso del tiempo. Además, reconozco que no es fácil leer este gazpacho de ideas, expresadas a lo vivo y sin corrección. Mil perdones.

La dificultad para acometer la pregunta de la teodicea estriba en primer lugar en aclarar los términos de la cuestión "¿Por qué tienen que pasar estas cosas?" "¿Es compatible la existencia de un dios bueno y todopoderoso con la existencia del mal?"

Cuando nos planteamos en profundidad la pregunta por el mal, ¿de qué estamos hablando en realidad? No estamos simplemente aludiendo a la causa eficiente de los acontecimientos, pues la respuesta inmediata de la catástrofe ocurrida en Japón nos la daría un geólogo y un físico. No, no parece que estemos hablando a ese nivel. Tampoco parece que estemos buscando un responsable o un culpable de las catástrofes naturales, ya que somos conscientes de que estaríamos cometiendo una especie de "falacia de humanización", proyectando caractrerísticas humanas al medio físico. Más bien parece que nos estemos refiriendo a la causa final de lo que acontece. Pero, ¿hacia dónde nos encaminamos con estos acontecimientos? ¿Quién lleva el timón de esta embarcación, a la deriva tras tanta catástrofe? Necesitaríamos una pespectiva externa y global para poder responder y pretender superar los límites de nuestro conocimiento. Desde las categorías de la modernidad llegamos a un callejón sin salida por cualquiera de los atajos que pretendamos coger.

Hemos de tener el valor de zambullirnos en el terreno de la metafísica, pero desde el reto fundamental de no repetir los viejos errores de las categorías de la modernidad. Al sujeto posmoderno no parece preocuparle ya el viejo dualismo del bien y el mal, y mucho menos la supuesta onmipotencia divina, así pues todo indica que la teodicea posmoderna ha de articualrse en otros términos.

En primer lugar, hemos de reconocer la interconexión de lo bueno y lo malo. Es decir, no conocemos el bien absoluto ni el mal absoluto en todos sus términos. Dicho de otro modo, a escala humana, siempre hay algo bueno en lo malo y viceversa. La realidad se nos muestra absolutamente compleja y sólo de manera didáctica podemos utilizar tales categorías. El trigo y la cizaña siempre aparecen mezclados en nuestra realidad. En nuestra realidad no encontramos el bien puro, ni el mal puro y mucho menos algo así como el bien y el mal luchando en combate desde la eternidad. No, nuestra realidad no es dialéctica. Este relativismo encuentra su único punto de apoyo en la persona, en el carácter sagrado de saberse existiendo. Y sólo en relación a ella podemos hablar de algo bueno-malo.

En segundo lugar, podemos mirar a dios como última causa de que la realidad sea así. O sea, si confesamos un dios creador, ¿por qué este dios ha creado así las cosas?. ¿O no tenía otro remedio? Entonces, ¿dios no es todopoderoso, no podía hacerlo de otro modo? Viendo las consecuenias, no sé si este es "el mejor de los mundo posibles".  Parece que la omnipotencia divina no tiene las características que solemos imaginar. Es mejor hablar de un dios "todobondadoso", más que todopoderoso. Porque dios lo ama todo, y eso es mejor que poderlo todo, es más ni siquiera tengo claro que tal capacidad ("la de poderlo todo") sea digna de dios. No pensemos en un dios que maneja los hilos de este mundo como si fuese el jugador de un gran videojuego y nosotros tan sólo personajes de videoconsola. Nuestro mundo, con toda su limitación es fruto de la imperfección, porque sólo es posible amar lo imperfecto. Dios se hace por eso humano, para que el amor entre dios y los hombre sea recíproco. Así, dios es responsable del mal en el mundo sólo en la medida en que lo es cualquier persona humana.

En tercer lugar, hemos de reconocer que la única solución aceptable al problema del mal, es la teodicea práctica, así que dejemos de escribir y... ¡manos a la obra!

Comentarios

  1. "Y vio Dios que todo era muy bueno"... Un reto para el ser humano: mirar y ver la bondad de todas las cosas... Un reto para el ser humano creyente: mirar como mira Dios. S.Juan de la Cruz nos descubre el efecto: "El mirar de Dios es amar...". Sí, Dios es todobondadoso, todoamoroso, por ello tododebilidad... Inversión de la lógica humana, pero no por ello menos lógica... Un abrazo que nos haga sentir acompañados en esta busqueda incesante.

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  2. ¡Puf, menudo órdago! Mirar como mira Dios... porque el mirar de Dios es amar... Muchas gracias por la compañía (de verdad)

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