Supermanes de carne y hueso

Con frecuencia tengo la impresión de ser supermán. Continuamente se empeñan en recordarme los superpoderes que poseo. Una capacidad de transformación social y de solución de los problemas que empieza a preocuparme, tanto es así que he decidido ponerme los calzoncillos por encima del pantalón.

Hace tiempo que me he convencido de la importancia educativa en la formación de las conciencias y lo importante de sensibilizar a los chavales para que se forjen como personas sensibles ante las realidades de este mundo; ahora bien, lo que me empieza a asustar es que desde todos los ámbitos se señale a los educadores no sólo como los responsables de todas las tropelías cometidas por algún personajillo en su adultez, sino que además se ve en la educación algo así como la piedra filosofal de la sociedad, que convertirá la barbarie en civilización. Que hay una realidad brutal de maltrato a las mujeres, “eso habría que solucionarlo con medidas educativas, hagamos una asignatura” —salta algún iluminado—, que se pierde la sensibilidad por la participación política, “es que en la escuela hay que abogar por la educación democrática y participativa” —afirma como si nada otro—, que sube el índice de delitos comunes cometidos, “es que los maestros de ahora ya no tienen autoridad y desde pequeños se les suben a las barbas, eso lo arreglaba yo desde que van al colegio” —asevera impasible el de más allá—, a fin de cuentas, la solución a todos los problemas sociales es la educación, ¿o no?

Pues no. Lo lamento, pero no. Se acabó la excusa. Hay que abandonar los tópicos. Es imposible pretender tener una escuela competente teniendo los presupuestos en educación que tenemos en la mayoría de las autonomías. Irrisorio. Y el uso político y partidista sin un deate nacional profundo. Indecente. Es imposible que una ley de educación aporte algo a la sociedad si esa ley se circunscribe únicamente al ámbito escolar. Lo educativo es mucho más. Es una mentalidad que transmitir a la sociedad y es una responsabilidad compartida por todos. No podemos pretender nada si no hay un acercamiento entre los agentes educativos: colegio-familia, como mínimo. No podemos ser tan hipócritas: querer educar en valores mientras dejamos a los niños abandonados frente a la televisión de la violencia, la competitividad, el individualismo... Queremos que sean competentes en tantas cosas que para relacionarse con los iguales les ponemos un ordenador.

Y finalmente, hemos olvidado que los maestros y profesores no podemos ser a la vez: psicólogos, especialistas en cada materia que impartimos, expertos en relaciones, animadores socio-culturales, terapeutas de familia y un largo et cetera. A lo sumo podemos llegar a ser supermanes de carne y hueso con los calzoncillos por fuera.

Comentarios

  1. Yo cuando entro en mi escuela, y sin que se note demasiado, sí que me enfundo los calzoncillos por fuera. Por si acaso...

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