Regresar a la belleza



Me planto frente a la pantalla del miniportátil con la intención de escrubir algunas líneas. En estos días en los que me puedo permitir una conexión a la red y un poco de soledad, me siento en la obligación de cuidar el blog. Sin embargo, últimamente percibo en mí una evidente falta de agilidad. No sé si es debido a la falta de costumbre o al mero desorden interior que padezco fruto de estas fechas (resaca del fin de curso) 

A modo de bálsamo, suelo zambullirme cada verano en la lectura de alguna de esas novelas rusas del XIX que logran en mí un efecto catártico. Se me aviva mi evidente sensibilidad literaria, me ayuda a mirarme para dentro y a vivir a ritmo de novela de más de quinientas páginas, es el ritmo de Tolstoi y Dostoievski. Los personajes cautivan mi imaginación y me da igual perder el hilo de la narración si a cambio me emociono con Ana Karenina o sufro con el Príncipe Andrei.

Me encanta leer por la noche. Cuando el silencio te invade. No hace falta crearlo mandando callar, ni poner músicas para camuflar los ruidos. El silencio de la noche se desborda y te inunda. Resistirme a cerrar los ojos para acabar el capítulo. Y soñar, soñar, soñar... atreverse a soñar. Porque uno ya no sabe si duerme o vela, si imagina o sueña.

Quizá sea un refugio, un pequeño consuelo esteticista... o simplemente la necesidad de regresar a la belleza.

Comentarios

  1. Regresar a la belleza es alimento para el alma. Gracias, Javi.

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  2. Una belleza primigenia y original, una belleza desconcertante y atrayente, una belleza necesaria.

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