Alguien te quiere


Aún me encuentro con quienes creen que la rudeza en el trato y de muestras de cariño forman parte de una demostración de profetismo o espiritualidad de la radicalidad evangélica. Es cierto que cada vez son menos quienes presumen de tal carácter; pero, sin embargo, seguimos sufriendo los efectos de esta espiritualidad que fue común en los ambientes de creyentes de mayoría masculina hace una década. 

Hoy, hemos de tener la valentía de afrontar el reto: no puede haber entre nosotros (repaso ahora la gran cantidad de grupos humanos a los que pertenezco) gentes que no se sientan queridos. Y digo bien: "que se sientan queridos", no basta con quererlos a "nuestra manera", sino que hemos de querer de forma que la otra persona se entere. ¡Menuda obviedad! Pues resulta que no lo es tanto... no lo es en nuestras reuniones de trabajo, en nuestros encuentros, en nuestras actividades, en nuestras convocatorias, en nuestros documentos... Así, quizá alguien puede descubrir en nosotros ese Abbá del que tanto hablamos...

Comentarios

  1. Acertadísimo, Javi, acertadísimo. Mucho papel, mucha reunión, muchas "fechas tope" pero... ¡la persona! lo esencial es la persona. Un abrazo.

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  2. A veces me pregunto por qué en los ambientes en los que debiéramos ser más "expertos" de humanidad, me encuentro más plof! En fin, quizá la entrada esté escrita desde la frustración y yo sea el primero que deba corregirme. No sé...

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  3. Cuanta verdad, que solo desvela nuestra torpeza... solo nos queda aprender, no sin humildad, de Aquel, que con su estilo, sus gestos, su sensibilidad (¡y era hombre) nos descubre como seres profundamente queridos... ¡hay que aplicarse!

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  4. Su estilo, sus gestos, su sensibilidad... gracias Nacho, por lo que aportas

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