Elogio de la inutilidad



Recuerdo ahora con cierto sentido del humor el día que se me comunicó oficialmente que era "Inútil para la patria" y, por tanto, no debía hacer la ya extinta mili (El contraste de mi alegría con cierto desconcierto de mi padre, generaba una escena bastante graciosa)

Desde aquel día reivindico el valor de lo inútil y huyo del pragmatismo atroz que nos devora desde dentro, especialmente en tiempos de crisis. Y es que contemplar un amanecer, la abnegación de una madre, hablar con un enfermo de alzheimer..., no cotizan en bolsa. Es la gratuidad inútil todo un mecanismo antisistema; pero es a la vez como una ducha del alma. 

En un arranque de sinceridad detengámonos a pensar en silencio por qué merece la pena seguir viviendo... y.... ¡Efectivamente, vivimos gracias a lo inútil!

Comentarios

  1. Querido Javi, ¡me encanta!, pero por favor, que no cotice en bolsa, ese día, pondremos en manos de los ladrones, nuestro sagrado secreto, la felicidad no está en el dinero.... un abrazo... seguimos buscando....

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  2. Gracias Nacho. Un abrazo de los que no tienen precio aunque sean de gran valor.

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