Un regalo

Gracias por estos días en el monasterio de Suesa, por la posibilidad del descanso, de la lectura tranquila y sosegada, por los largos paseos hasta la playa coon la mejor de las compañías... y poder mirar el mar todo el tiempo del mundo. 


Pero lo más difícil de encontar es no es paraje de ensueño sino una comunidad orante con la que sintonizar a nivel profundo: poder cantar los salmos, recrearse en los símbolos y unirnos en la danza... es un regalo del que poco se puede decir porque se ha de vivir.

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