Pertenencia o individualidad

Resulta evidente que estamos ante una tensión de contrarios y que situarse en cualquiera de los polos de la disyuntiva es un error. La respuesta es, una vez más, el término medio aristotélico; pero en la vida práctica esto no deja de ser un brindis al sol. En cualquier caso, hemos de intentar decir algo más que tópicos sobre esta cuestión.

Por un lado, en la famosa pirámide de las necesidades de Maslow, el psicólogo humanista colocó la pertenencia como eje entre las necesidades básicas y las necesidades superiores y como uno de los factores esenciales para el sentirse aceptado socialmente. De lo cual hemos de concluir: todos tendemos naturalmente a satisfacer la necesidad de sentirnos aceptados en un grupo, para poder sentirnos bien con nosotros mismos y realizados personalmente. Por otro lado, Durkheim en el siglo XIX ya reflexionó sobre la anomía (el individuo desconectado de las normas y las costrumbres, incapaz de adaptarse a la estructura social) y lo sorprendente fue comprobar cómo cuando la anomía va a acompañada de otros factores (baja clase social u otros), desemboca con frecuencia en el suicidio.

Al acudir a la lógica, encontramos la clave de muchos malentendidos al hablar de sentido de pertenencia y de quién puede sentirse perteneciente al algo. En la lógica de clases, por 'clase' se entiende un conjunto de individuos que tienen una propiedad común. Aquí está el matiz importante: la propiedad define a la clase, no al individuo. Puede varios individuos aparentemente contrarios pertenecer al mismo grupo o clase, porque la propiedad no define al individuo sino al grupo.

Rastreando el concepto encontramos que 'sentido de pertenencia' es una expresión que se populariza en el siglo XIX en pleno romanticismo y muy de la mano del concepto de 'nacionalismo', pues se es más consciente de la posibilidad de una identidad colectiva.

Vemos entonces que alentar el sentido de pertenencia nos coloca frente a una serie de peligros: desactivar el sentido crítico en favor del plan colectivo, fomentar las dependencias relacionales, apelar a la irracionalidad, crear un círculo cerrado intercambios, favorecer identificación sólo con lo externo, ocasionar rechazo por exceso.

Pero, una vez insertos en un cierto grupo, por ejemplo, tal vez busquemos destacarnos en algo particular dentro de él o guardar cierta distancia de las exigencias que surgen en cualquier relación... y es que, tal y como dice el antropólogo Michael Wesch, la gente ansía tanto conexión como libertad, tanto pertenencia como individualidad.

Queremos sentirnos únicos, especiales, tener nuestras cualidades, nuestro propio perfil o muro y reconocemos como gran logro de la modernidad la autonomía moral. Nuestro mundo globalizado alterna entre el individualismo a ultranza y la masa, porque la masa no piensa, como decía Ortega, y el individuo a la intemperie es frágil, preocupado únicamente por su ombligo, siendo así fácil de amedrentar.

Semejante dicotomía genera una tensión que nos lleva a abrirnos en ciertas ocasiones y a cerrarnos en otras. Como bien remarcan Sep Kamvar y Jonathan Harris, frecuentemente nos sentimos tensionados entre construir relaciones y mantener interdependencia respecto a las restricciones que esas mismas relaciones nos imponen. 

Hemos de conservar nuestra forma de ser, que nos hace únicos e irrepetibles sin dejarnos confundir por modas o tendencias masivas; pero sin aislamiento. Conseguiremos no aturdirnos por satisfacer las expectativas que los demás tienen para con nosotros, pero sin dejar de tejer redes de relaciones con 'esos demás' a quienes también queremos y necesitamos. El diseño emocional que llevamos dentro, por más que en nuestra vida se nos genere la tensión de motivaciones opuestas, está configurado en base a muchos miles de años de evolución: frente a frente, cara a cara.

Para darle un poco de humor, podríamos acabar como Groucho Marx, quien decía "jamás pertenecería a un club que me tuviera a mí como miembro"

Comentarios

  1. Excelente , Javi. Hace tiempo que le doy vueltas al tema de "los colectivos" ese término tan empleado hoy en día, tu reflexión me ha inspirado. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Me encanta ser inspiración. Gracias. Es difícil el equilibrio y lleva dolores de cabeza intentar ser honrado... En fin, ya sabes, seguimos conectados. Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Una entrada muy sugestiva. ¿Cómo superar esa dicotomía pertenencia vs individualidad?
    Quizás introduciendo el tema de la "vocación", el proyecto personal que responde a inspiraciones profundas. Este proyecto, si es auténtico, sobre todo en cristiano, desemboca en una comunidad de convocados. una comunidad capaz de tejer redes con otras. El problema es como se intente definir la cosa al revés: primero la pertenencia la identificación con un grupo, unas "siglas", una tribu y luego... ¿se puede construir la persona? Quizás desemboque en lo que dices: "desactivar el sentido crítico en favor del plan colectivo, fomentar las dependencias relacionales, apelar a la irracionalidad, crear un círculo cerrado intercambios, favorecer identificación sólo con lo externo, ocasionar rechazo por exceso."
    Gracias. Jorge R.

    ResponderEliminar
  4. Gracias Jorge por el comentario y la paciencia de leer esta entrada.

    El título es pertenencia o individualidad, no versus. Pues esa "o" puede ser no sólo disyuntiva también idetificativa. Alguien tan sabio y que lleva tanto tiempo trabajando el tema de la vocación como Javier Garrido afirma rotundamente la pedagogía simultánea en el proceso vocacional, es decir, no hay un antes y un después eso sólo existe en el juego conceptual. En conclusión, el título más adecuado sería individualidad "y" pertenencia.

    Seguimos hablando...

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Dilema de Amor (cumbia epistemológica)

"Las lágrimas son la sangre del alma" (san Agustín)

Los guardianes de la llama