Vidas ejemplares

Con frecuencia hemos creído que lo más conveniente para la educación es dar ejemplo; además, la espiritualidad católica, tan devota de los santos, nos pone como modelo diversos caminos para una vida de perfección. Al igual, en el ámbito de la fraternidad, mostramos comunidades con un compromiso intachable, y un discurso común como a una sola voz. En la pastoral, tenemos a los agentes estrella que deslumbran con su activismo y sus miles de habilidades. Más aún, en el seno de la Iglesia sólo se permite la alabanza y se justifica absolutamente todo bajo amenaza de alta traición.

Sin embargo, mucho me temo que si nos miramos lenta y profundamente en el espejo nos devuelve una imagen que no es ni de lejos, la realidad que pretendemos mostrar. Evidentemente, estas pequeñas vanidades no tienen más importancia que lo lejos que queramos llevar las consecuencias de esa imagen o, quizá, que haya quien caiga en la tentación de romper el espejo.

Desde el sentido común, he llegado a admitir que al perfecto, como mucho se le admira, pero no se le ama. Quizá se le envidia, pero no se le comprende. Tampoco se le pretende alcanzar más que para llegar a un imaginario estatus, pero no es motivo de seguimiento. Y es que cada uno de mis defectos es una oportunidad para que me perdonen, me comprendan, me compadezcan, en el fondo..., me quieran. (Al menos de esto intento convencerme cada día)

Rehuimos de los perfectos, al igual que lo hacen nuestros jóvenes. Tomamos distancia de manera natural y observamos con inquietud. Si pretendemos imitar o que nos imiten, sólo engendramos frustración. Por eso, no tiene sentido ocultar nuestros errores y defectos, como evidentemente, tampoco lo tiene enorgullecerse de los vicios y desatinos; pero si algo hemos de valorar es a la persona auténtica que sin adornos comparte su vida.

Últimamente, cuando encuentro a quienes quieren presumir de una vida ejemplar, pienso para mí si no estaré ante una novela.


Comentarios

  1. Genial, Javi. Viva la imperfecta imperfección, motivo de amor, de perdón, acicate para seguir caminando.

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  2. Me encanta. Una idea distinta de la idea de ser testigos para los jóvenes.

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  3. Acabo de hablar con uno de mis profesores de la infancia. Jubilado ya, acoge a un chico de Ghana en casa. Guardo una imagen de él extraordinaria... porque no era ordinario, sólo era humano. El "profesor Bacterio", un tipo genial por su sentido del humor y por su capacidad de reírse de sí mismo. Con una vida de hierbas y salud, curioso que pasara a nuestras historias quien ni lo intentaba. Un Patch de la educación.

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  4. Qué bien Elena cuando nos has hecho de espejo... gracias.

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  5. Gracias Juanan por el comentario. Fíjate que lo de "testigo" está traído del lenguaje judicial... qué repelús.

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  6. "Humano, demasiado humano", decía Nietzsche. Me encanta la idea de pasar de puntillas y que haya quien lo note...

    Por cierto, "Bienaventurados los que saben reírse de sí mismos porque nunca se les acabará el cachondeo". Gracias Saura... no sabes cuántas veces me acuerdo del vídeo que grabamos el Santiago...

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