Te regalo un fonendoscopio

Esta semana, en el cartel de la campaña Manos Unidas había un fonendoscopio para recordarnos a todos, el deber de garantizar las condiciones mínimas de salud a toda la familia humana. (Algo que también nos pone de relieve uno de los objetivos del milenio).

Me paraba a pensar en la palabra, recordando mis pobres rudimentos de griego y me encuentraba con una sorpresa: fon-, del griego fonos: voz;  endo-, prefijo griego significa: interior y -scopio, del verbo griego skopeo que significa: ver o mirar. Resumiendo, desde el punto de vista etimológico es un aparato que sirve para ver la voz del interior. ¡Magnífico! Y esta idea (de la necesidad de los fonendoscopios y la voz del interior) he estado rumiando estos últimos días, por un motivo que explicaré más tarde.

En la misa, nuestro amigo Manolo (a quien ya he mencionado en anteriores entradas), ha estado escuchando el corazón de la gente durante la homilía con su fonendoscopio. Y nos decía que Dios nos había regalado un fonendoscopio a cada uno, para escuchar el corazón de los demás; lo que pasa es que lo solemos usar sólo para escuchar el nuestro.

Se cerró el círculo entonces de lo que había venido re-cor-dando (cor, cordis en latín: corazón; volviendo a pasar por el corazón) estos días: cuando en el día de nuestra boda Manolo sacó unos globos, un mandil y ese mismo fonendoscopio... y latir como un solo corazón.

Comentarios

  1. ¡Cuánta vida hay debajo de las palabras!... pero solo para quien desea ver, escuchar en el interior de ellas... ¡Gracias, Javi!

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    1. Dichosos tus ojos Nacho, que saben mirar lo profundo de las personas, porque ellos verán la huella de Dios en cada corazón. Muchas gracias.

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