Pedid y se os dará (May Feelings)


"Al orar, no os perdáis en palabras como hacen los paganos, creyendo que Dios los va a escuchar por hablar mucho. Ya sabe vuestro Padre lo que necesitáis antes de que vosotros se lo pidáis” (Mt 6,7-8). Dios ya conoce todas nuestras necesidades; pero, es cierto, en muchas ocasiones nuestra oración se expresa en forma de petición. 

¿Necesita el Padre que se lo pidamos? ¿O acaso cuando expresamos a Dios nuestras necesidades pensamos que ponemos a Dios a nuestro favor? Pero Dios no puede ponerse más de nuestra parte…  No tiene sentido pedir para que Dios no permita que suceda algo que sucedería si no se lo pidiéramos (o viceversa). A Dios no hay que ablandarle el corazón. Cuando decimos a Dios “ten piedad” o "ayúdame", damos a entender que no está teniendo piedad de nosotros. Pero Dios no puede no tener piedad y no puede no ayudar, pues es ayuda y piedad, Dios no puede ser más bueno.¿Por qué pedir, entonces, a Dios? 

El problema es en parte un problema de uso del lenguaje al orar, porque intuimos acertadamente que el sentido de la oración de petición está más allá de la petición literalmente expresada. Evidentemente la oración de millones de personas de todas las religiones tiene sentido, un sentido más profundo. Reconocemos y manifestamos esa fe en un Dios Padre-Madre que nos sostiene, que nos ha tejido desde el seno de sus entrañas de misericordia, que nos envuelve y cuida. Además, aunque no pidamos nada agradecemos el misterio de la vida y también como los salmos y los profetas expresamos el eco de nuestra queja ("Maldito el día en que nací; el día en que me dio a luz mi madre no sea bendito" Jer 20, 14) y llorar ante él, porque lo importante no es la petición, sino la actitud de la persona que pide: el reconocimiento de nuestros límites y la confianza en lo está más allá de nosotros mismos.

Por tanto, no oramos para que Dios se apiade, se entere, nos dé... dejemos que Dios sea Dios. Porque Dios no cambia, no puede ser mejor; quienes hemos de cambiar somos nosotros. Cada uno está llamado a llevar a Dios a los demás y la oración es instrumento, cauce, canal, para que todo cuanto está a nuestro alcance se active, para que suceda todo lo bueno que Dios ya nos está dando. Así, cuando oramos por una persona, estamos conectando en comunión solidaria con ella y en la medida en que somos portadores de Dios le estamos transmitiendo la fuente de todo bien. Y quizá este sea el sentido profundo de la oración de intercesión: ir generando una red de comunión profunda.

Comentarios

  1. Así es, Javi, Andrés Torres Queiruga lo profundiza preciosísimamente. Un tema importante... Verdaderametne DIos no puede ser mejor.

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    1. ¡Me has pillado, Elena! Este tema siempre me rechinó y fue leyendo a Queiruga y a José Arregi como me aclaré un poco... supongo que somos "hijos" de nuestras lecturas... Un abrazo

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  2. Dios no puede ser mejor... pero somos nosotros quienes nos empeñamos a ajustarlo a nuestra medida, a nuestras necesidades,...
    Me quedo con ese efecto humanizador de la oración, que estrecha lazos, que inspira gestos y que hace presente ese amor imperfecto a quienes realmente lo necesitan... sin importarnos que mano, la izquierda o la derecha, lo hace... La oración como ese gesto de fraternidad, donde me descubro hijo y a ti hermano... ¡Gracias!, Javi

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    1. La oración nos acerca y nos hace más hummaanos.Gracias por el comentario, Nacho.

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