Somos cuerpo


Un envoltorio frágil, vulnerable. Denostado durante siglos por ser la máxima expresión del pecado. Ensalzado desde los cánones artísticos y culturales de cada tiempo. Es nuestro cuerpo. Nuestra tarjeta de visita que, sin embargo, muta, se transforma, envejece o es modificada por la Cirugía o el mal uso que le demos. El polifacético artista Siro López ha expuesto en los primeros meses del año, bajo el título Emociones al desnudo, una colección de fotografías que quieren mostrar el cuerpo y los sentimientos que se asocian a él. Pero los tabúes y miedos siguen rigiendo en nuestra sociedad, aparentemente tan liberal.

(Entrevista al artista Siro López  por  Mª Ángeles López Romero, recogida de www.sirolopez.com)

 
El conjunto de imágenes acompañadas de textos que integran este trabajo de varios años seguramente no verá la luz editorial, tal y como fue ideado en su momento por el autor, porque ningún sello se atreve a publicarlo. Y es que el dolor, el maltrato, la amputación o la gordura retratados no tienen buena carta de presentación en estos tiempos.

Cuenta Siro López que este proyecto partió de la constatación de dos experiencias muy duras que le confiaron: los sentimientos de mujeres que habían tenido que abortar y la situación de presos recluidos en celdas de aislamiento. “En las ideas podemos entrar en discusión, mientras que en las emociones, cuando oyes cómo se ha sentido alguien, ahí no cabe discusión posible. Y si me he decidido a abordar temas tan sensibles como la afectividad y la sexualidad es porque no solemos atrevernos a escuchar a los otros. Ni siquiera a nosotros mismos”.



Sexualidad, muerte, maltrato... “En lo corporal cabe todo, porque somos cuerpo”, explica Siro, que está convencido de que en los últimos tiempos hemos retrocedido, “hemos perdido la naturalidad y espontaneidad que se alcanzó, por esa búsqueda de lo correcto”. Y pone un ejemplo: “Hoy sería impensable proyectar un desnudo en una escuela” Una mujer que sale a duras penas de una maleta vieja abandonada en una calle, un torso masculino que se abre en canal por medio de una pulcra cremallera, un maniquí sustituido en un escaparate por las curvas de una dama cargada de michelines, o ese hombre enredado en cables de la luz que parecen querer acabar con su vida. Son algunas de las imágenes construidas por Siro, consciente de que no pocas de ellas puedan ser provocadoras. Aunque, como afirma, “que se llegue a considerar mis fotografías escandalosas, me escandaliza. Otra cosa es que sean fuertes; porque el maltrato, el acoso o la búsqueda de la identidad son fuertes”, puntualiza.

Mutilaciones. Entre las muchas realidades duras que ha fotografiado, Siro se queda con una, que es la que más le ha tocado por puro desconocimiento: el cáncer de mama en las mujeres. “Hasta que no lo escuché de cerca, nunca imaginé el sufrimiento que hay detrás”, relata. Lola López Requena no tiene reparos en reconocer que para ella el cáncer fue, físicamente, “una mutilación”. “Esa es la palabra que a mí me salía de la boca. Y es verdad que no es lo mismo para todas las mujeres, pero, para mi desolación, el caso peor que conozco es el mío”.

A Lola le extirparon los pechos y sintió que prefería morirse, aunque ahora dé gracias por estar viva. Eso sí, luchó con uñas y dientes para conseguir una reconstrucción que todos veían inviable. “Di con un señor experto en reconstrucciones difíciles. Ahora, gracias a Dios, me puedo poner un sujetador que se puede poner otra mujer y, con ciertas condiciones, puedo ir a la playa en bañador. Pero, aún hoy, cuando me veo desnuda, no me veo como una mujer normal. El impacto físico fue muy muy grande”. A Lola, como a tantas otras mujeres, le dolía que la gente no entendiera el valor que daba a sus pechos como parte de su identidad, pese a la suerte de haber sobrevivido. “Es que no significa que yo quisiera estar muerta –explica con pasión– pero quiero estar como estaba. Y me parece un espanto que se diga eso a una mujer que acaba de pasar por una mastectomía. Porque es no saber lo que se siente. No respetar la dignidad de cada uno”.

Tampoco José entiende bien a su padre: Le han operado de un epitelioma en la oreja. Afortunadamente era benigno y sólo le tuvieron que quitar una parte del cartílago. La operación fue rápida y bien, y sus hijos se han felicitado por ello. Lo que no esperaban es que un hombre de 86 años se deprimiera por la cuestión estética. Que se preocupara por cómo se colocaría las gafas o el pelo para disimular la pérdida de ese pequeño trozo de oreja.

Siro detecta, salvo excepciones, falta de espontaneidad, libertad y sencillez a la hora de tratar la relación con nuestro propio cuerpo. Como denuncia el uso omnipresente de la “cirugía del Photoshop” en el lenguaje publicitario y “esos prototipos o cánones que se presentan como ideales y que tanto daño hacen sobre todo a los adolescentes, porque en la comparación siempre habrá una parte de tu cuerpo que desprecies”.

Denuncia el maquillaje, ocultamiento, ultraje que está sufriendo el tratamiento del cuerpo, la afectividad, la sexualidad..., especialmente en la Iglesia católica española, donde, a su juicio, “se ha perdido la oportunidad de abordarlo con seriedad”. Porque, afirma, “sexualidad no es genitalidad, es mucho más. Y tienes que vivirla. Cuanto más lo reprimas más se repetirá”.

Alimentar el futuro. Frente a quienes creen que existe sobrada información en materia afectivo sexual, el fotógrafo y diseñador sostiene que nos faltan las herramientas afectivas. “Y somos cuerpo en relación con otros”.

También con nosotros mismos. Porque el cuidado que le damos a nuestro organismo dice de nosotros y habla de nuestro futuro. Isabel así lo reconoce. Veterana fumadora, tiene conciencia de la agresión que el tabaco supone para su cuerpo, pero perdona las consecuencias por el placer que le produce fumar. “Me da vértigo cuando pienso en los efectos a largo plazo, pero llevo fumando muchos años y la verdad es que me gusta”. Dice seguir planteándose dejarlo, pero nunca remata ese deseo con un compromiso firme, pese a que un hermano suyo falleció de cáncer de pulmón. “Soy consciente de que esto me va a pasar factura, y me da envidia la gente que no fuma y que come bien, pero también creo que al final es cuestión de suerte”. Isabel reconoce que, si hace balance, no sigue a diario las pautas más saludables. “Las vas abandonando y al cabo de diez años te das cuenta de que has envejecido y ya no tiene arreglo”, confiesa. La suya es una experiencia más que común en estos tiempos: “Vives el presente día a día. No te miras al espejo y te ves como serás con 80 años. No piensas que vayas a pagar una mala alimentación o no haberte cuidado bien los dientes. Pero el futuro llega y cuando llega es tarde”.

Eso sí: alerta de los peligros de pasarse al otro lado y vivir esclavizada por el aspecto. Quizás por eso Lola se está adentrando ahora, tantos años después de la operación, en un nuevo viaje espiritual. Un proceso en el que pretende dejar de identificar su identidad con su cuerpo. Pero reconoce que al cuerpo hay que darle su justo valor y aceptarlo como es. “Yo no quiero ser sólo mi cuerpo. No voy a dejar de ser menos Lola porque me falte un pecho. Pero también es cierto que en este mundo el cuerpo es nuestra tarjeta de visita. Y merece la pena aceptarlo y cuidarlo en su justa medida”. •

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