Gracias pequeña Inés por elegirme tu papá

No sé cómo comenzar esta entrada. Se me acumulan un montón de sentimientos y no puedo contar la cantidad de momentos especiales que he vivido esta semana. Ya soy papá. Inés ha venido al mundo y casi sin avisar. Sucedió más o menos así.

Su mamá y yo celebrábamos nuestra cena de aniversario cuando al llegar a casa...escuché esa frase que tan sólo había oído en las películas: "cariño, creo que he roto aguas". Inés se adelantaba diez días y todos nuestros planes de dejar todo atado y bien atado en nuestros trabajos se iban al traste; pero daba igual, una sonrisa imborable se dibujó en nuestros rostros...

Camino del hospital todo eran nervios y miradas cómplices, porque la vida cuando se abre paso... En urgencias, efectivamente, nos dicen que hay que ingresar y no tardan en llegar las contracciones. Ver retorcerse de dolor a la persona que amas es algo para lo que no se está preparado y, por mucho que uno intente ayudar recordando lo aprendido en el curso de preparación (respirar, presionar..), sólo apretar los labios con fuerza impiden las lágrimas de la empatía de corazón. Ha pasado toda la noche.

Llegada la hora de bajar al paritorio las horas pasan lentas, muy lentas y se pierde la noción del paso del tiempo. Mi función se reduce a dar aire con un abanico medio roto entre pujo y pujo. Y transmitir toda la calma y la seguridad de que soy capaz, para dejar que todo siga su curso mientras nos ponemos en manos de médicos, matronas, enfermeras...  y de ese aparatito lleno de números que vela por la vida. Con el paso de las horas y los diferentes sustos a causa del pitido de alarma, soy capaz de descifrar cada guarismo y saber si el pitido es importante o no. (Hubo de los dos tipos)

La espera. Dejar pasar el tiempo a sabiendas de que se acerca el momento. La sala se llena de gente y parece que ya está decidido. Es el momento. Maniobras y preparativos. Todo listo para los empujones finales. "Mira la cabeza", me dice el médico. Y tuve que salir.

Los siete minutos que esperé tras la puerta fueron siete lustros, o más bien siete siglos....A la pequeña Inés la tuvieron que ayudar a salir llevaba ya mucho tiempo peleando y aunque su mamá estaba dejándose las carnes en el empeño, necesitó ayuda. Cuando entré de nuevo, ya no pude contener las lágrimas. Nos juntamos los tres. Ahí estaba, con sus ojitos abiertos. Cuando la tengo entre mis brazos no puedo parar de llorar y darla besos. ¡Es tan bonita!

Las primeras pruebas médicas y el corazón encogido en un puño esperando oír las palabras del médico. El corazón y la cabeza a mil por hora y una terrible angustia, hasta que, tras repetir las pruebas, te dicen que todo está bien. Ha sido un sufrimiento horrible; perol no hay nada que deba preocuparnos. En la habitación ya puede reinar la alegría.

Todo se inunda de regalos y de personas que vienen de visita con su sonrisa y su dulzura. También hay flores. Entre papeleo y papeleo, un ramo de rosas blancas con una tarjeta. En nuestros momentos importantes hay rosas blancas. Entro por puerta de la habitación y... si esto no es la felicidad se le parece mucho...

Ahora, en casa, las canciones, los pañales, los lloros, mamar del pecho de su mamá, nos introducen en un ritmo tranquilo en el que disfrutamos de la vida. Me encanta coger en brazos a la pequeña Inés y calmarla mientras ella con su manita aparta el cuello de mi pijama para poner su carita en mi piel; o cantarla bajito canciones inventadas o juntarnos los tres en la cama para sentirnos cerquita o...

Hemos de darle gracias a Dios porque sin duda es un Dios Papá-Mamá...



Comentarios

  1. Nada que decir. La Vida a raudales. Mi más alegre y profunda enhorabuena a los dos y a Inés por ser acogida por vosotros.

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  2. Enhorabuena! Ojalá todos los niños y niñas del mundo tuvieran unos brazos amorosos como los que ha encontrado Inés en el comienzo de su vida. NUestros mejores deseos para los tres.

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  3. Hola Javi. Me alegro contigo, con Raquel e Inés. El milagro de la vida ha llegado a vuestra casa. Tu relato me ha emocionado Javi. Ahora toca disfrutar de y con Inés. ¡Doy gracias a Dios con vosotros! Un abrazo. Andrés Corcuera.

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  4. Muchas gracias Elena, Itziar y Andrés, por vuestros buenos deseos. Realmente nos estamos sintiendo al lado de mucha gente en estos días. Decenas de comentarios, mensajes y llamadas nos hacen más conscientes de la grandeza del milagro de la vida. Gracias de nuevo.

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  5. En fin, Javi, mientras los demás estamos en un largo, largo purgatorio -purgando, supongo, nuestras culpas-, tú en el paraiso, con tu Beatriz particular, o Beatrices...Se feliz, se feliz por todos los demás, ya que quizás, nosotros no podemos serlo tanto por el momento. Saludos para Raquel y unos besitos para la pequeñaja. También lo mismo de parte de Isabel. Ya nos veremos en navidad, como hemos hablado.

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  6. Muchas gracias por tu comentario Sergio. Espero que nos podamos ver pronto para compartir esos pequeños momentos de felicidad. Un abrazo

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