¿Qué hacemos con los que no reman?

En el momento actual en el que estamos, todo el mundo dice que anda con los dientes apretados intentando sacar adelante tal o cual cosa: un proyecto, un trabajo, la propia vida... pero cuando entramos en la colectividad las palabras no siempre se corresponden con los hechos. No me refiero a aquellos que reman en el sentido contrario a la tripulación (ese intento es tan evidente que es casi suicida) Me quiero referir a situaciones más encubiertas.

En bastantes ocasiones nos encontramos con que eso de ir todos a una se queda sólo en un lema. De hecho hay verdaderos expertos en poner caras de esfuerzo y van gimiendo por los rincones para que todo el mundo se entere de lo ardua de su tarea; cuando, sin embargo, es notorio que el único esfuerzo está en la mueca. Por otro lado están los que no reman, aquellos que simplemente se dejan llevar y por mucho que el patrón (o remero de proa) marque el rumbo con el timón, la embarcación no se mueve, o mejor dicho, sí se mueve pero a costa del sobreesfuerzo de algunos que acaban agotados de asumir lo que otros no hacen; porque lo cierto es que no suelen ser inmensa mayoría. 
 

¿Qué hacemos ante tal situación? ¿Cuál ha de ser nuestra postura? Con demasiada frecuencia se suele mirar hacia otro lado, a fin de cuentas la embarcación se mueve e incluso podemos decir que nos acercamos a la meta. Pero, ¿a qué precio? Quemamos a los mejores remeros. Muchas veces, el patrón se dedica a gritar más fuerte la dirección y a incrementar el ritmo de remo, pero evidentemente nada cambia. Porque decir y hacer no son lo mismo. En otras ocasiones, se vuelve a repasar la estrategia y la teoría; pero el resultado es idéntico y por idénticas razones.

Entonces, ¿hemos de asumir que no hay solución posible? A mí sólo se me ocurre una posibilidad: volver a reclutar la tripulación porque el oleaje es duro en estos tiempos y todas las fuerzas son necesarias; pero seguro que hay gente con más ingenio que yo y me da alguna solución.

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