¿Dónde está lo sagrado?

Con frecuencia, suele pensarse que en el momento actual la esfera de lo profano está acorralando la esfera de lo sagrado. Y hay quienes se empeñan en provocar profanando espacios sagrados, mientras otros luchan por protegerlos. Desde el origen de las religiones, se pone en el centro de la fenomenología religiosa "lo sagrado"; y se asocia la ausencia de lo sagrado a la ausencia de sentimiento religioso. El gran profesor Micea Eliade une lo religioso y lo sagrado de manera irresoluble.

Sin embargo, la mirada contemporánea hacia lo religioso ha de fijarse en otras realidades; pues la religiosidad posmoderna no mantiene los mismos esquemas que los de las religiones tradicionales. Ni mejores, ni peores... diferentes. Por eso la fenomenología de la religión no puede usar como paradigma las religiones tradicionales y mucho menos las primitivas.
En la imagen tenemos el cuadro de Tiziano "Amor sagrado y amor profano". Todo el cuadro inspira, ya desde su título, el profundo dualismo en el que nos movemos en la cultura occidental. En el primer plano: bueno/malo, vestido/desnudo a pesar de ser la misma figura. En el fondo iglesia/castillo, colina/valle. Curiosamente el eje de simetría es un niño jugando en fuente/sarcófago, vida/muerte. Y a pesar de que nuestra razón agradece este esquema de sencillo orden, ¿corresponde a nuestra experiencia?

Fue el propio Jesús de Nazareth quien rompió y transgredió la norma del sumo respeto a lo sagrado tan propio de la tradición judía: ya fuese la ley del sábado, el Templo, o la casta sacerdotal. Destacamos cómo se enfrenta con la sacralidad de Templo cuando dijo que sería destuido y reconstruido en tres días; pues hablaba del templo de su cuerpo. El escándalo que genera poniendo a la adúltera a salvo ante la Ley sagrada, que ordenaba el apedreamiento, hace que ese pasaje fuese omitido por los propios evangelistas en los primeros tiempos. Para Jesús, aquella mujer era más sagrada que la Ley de Moisés.

Y es que, lo sagrado está en ti y nada hay más sagrado que tú mismo. Por eso, el centro de nuestro obrar pastoral no es hacer respetar lo sagrado sino posibilitar la experiencia de lo sagrado habitando en ti. Para ello no es necesario nada en particular más que tú mismo; no obstante, habrá elementos que favorezcan esa experiencia de búsqueda interior. Es ahí donde tiene cabida el símbolo, pero no por sí mismo; sino por lo que tiene de señal que indica un camino. Lo importante no es la señal sino el camino recorrido.

Podrían acabar con todos los elementos que respetamos como sagrados; pero no con la experiencia de lo sagrado, que va más allá de cualquier religión. Y por mucho que intentemos hacer respetar lo sagrado para que se tenga experiencia de lo divino, ambos elementos no van unidos, frecuentemente lo contrario: la pompa y el boato de lo culturalmente aceptado como sagrado aleja de la experiencia religiosa con no poca frecuencia. Por eso, podemos concluir que lo sagrado habita ciertamente en exclusiva únicamente en el corazón de la persona, aunque no siempre se descubra. 

Te descubrimos en la brisa suave, en lo pequeño, en lo alejado, en lo insignificante, en lo íntimo, en lo desconcertante, en lo pobre... habitando en lo profano. Por eso sagrado/profano son en realidad la misma cosa: un momento en el proceso de la experiencia de la realidad más profunda del ser.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Educación de la interioridad: educar desde las experiencias que nos trascienden

"Las lágrimas son la sangre del alma" (san Agustín)

Hacia una teología de la interioridad