"¿Se está renovando la Iglesia?"


"La comisión de ocho cardenales, que ha designado el papa Francisco, trabaja intensamente estos días para ofrecer a los cristianos un proyecto de renovación de la Iglesia. Puede centrarse principalmente en una depuración de los responsables de tantos casos de corrupción y de escándalo, de los que nos vamos enterando. Y, esto supuesto, preparar una renovación del modelo vigente de gobierno en la Iglesia, reduciendo el papel avasallador que actualmente tiene Roma en la toma de decisiones, dando más participación a los obispos, especialmente a las Conferencias Episcopales, en la gestión de los asuntos, y quizá insistiendo en una mayor participación de los seglares (también las mujeres, por supuesto) incluso en altos cargos de gobierno.
Es evidente que, si todo esto se llevara a cabo, los cambios indicados - si no se quedan en letra muerta - representarían un cambio de época en la historia de la Iglesia y del papado. Sobre todo, si el gobierno de la Iglesia recupera el modelo sinodal, que estuvo en vigor durante el primer milenio de nuestra historia eclesiástica. Nadie duda que esto sería un motivo de notable alegría para cuantos deseamos esa “otra Iglesia” más comunitaria, menos jurídica y más participativa.
Pero la pregunta de fondo, que aquí se plantea, nos confronta con la siguiente cuestión. Por supuesto, todo esto es conveniente, es importante, es sobre todo necesario. Pero, resolviendo los problemas administrativos, que se refieren a la gestión y al gobierno de la Iglesia, ¿con eso, nada más, esta Iglesia que tenemos va a responder a las cuestiones de fondo que hoy se plantean tantas personas de buena voluntad, que le buscan un sentido a sus vidas y una solución a este mundo tan desquiciado?
Mi convicción, en este orden de cosas, es la siguiente: la Iglesia no tiene solución mientras no ponga en el centro de su vida el mensaje fundamental y desconcertante del Evangelio. Ahora bien, el problema capital, que aquí encontramos, está en que el centro de la vida de la Iglesia no es el Evangelio, sino la Religión, con sus “dogmas”, sus “leyes” y sus “ritos”. Esto supuesto, el problema no se resuelve manteniendo los “dogmas”, reforzando las “leyes”, y haciendo que los “ritos” resulten más solemnes o más fáciles, con tal que se observen. Todo esto no servirá sino para que la Religión cobre fuerza y la gente sea más “religiosa”. Pero, si es que ponemos en eso la renovación de la Iglesia, lo que se consigue es que seremos más “religiosos”, pero menos “evangélicos”

José María Castillo
Es licenciado en Filosofía y en Teología por la Facultad de Teología de Granada. Es doctor en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma. Desde 1968 fue profesor de Teología dogmática en la Facultad de Teología de Granada. También ha sido profesor profesor invitado en la Universidad Gregoriana de Roma, en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid y en la Universidad Centroamericana «José Simeón Cañas» de El Salvador. Ha sido vicepresidente de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII. En 2011 fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Granada. Escribe asiduamente en:
blogs.periodistadigital.com/teologia-sin-censura 
 
Si te resulta interesante, puedes escuchar al propio autor... 
Martes 29 de octubre 
a las 19,30 en la sala Polisón 
del teatro Principal de Burgos.

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