"Uno estudia filosofía porque no es feliz"


Fragmento de la entrevista 
de Juan Cruz a André Comte-Sponville, 
en El País Semanal, 25 noviembre 2012.

...Epicuro y los demás filósofos griegos me enseñaron que podía ser a la inversa, que la ilusión hace infeliz y en la verdad se puede encontrar algo más de felicidad. Y por eso estudié filosofía; en el fondo pienso que uno estudia filosofía porque no es feliz. Justamente porque el objetivo de la filosofía es la felicidad, pues cuanto menos feliz, más necesitamos filosofar. Alguien que sea plenamente feliz, ¿por qué va a querer estudiar filosofía? Por tanto, tenía la sensación de que no se me daba bien “la vida”, y sigo pensándolo, y cuando empecé a estudiar filosofía en el colegio, yo, que era un alumno regular, de repente tuve notas excepcionales, y me di cuenta de que se me daba mejor pensar que vivir.

Como el amor, o la pasión, que según dice en su libro, rápidamente se convierten en una desilusión. 
Yo viví el descubrimiento de la filosofía como una feliz desilusión. Porque lo que es cierto en lo que dice es que la pasión amorosa también es ilusoria. Cuando decía que para mi madre la ­felicidad era ficticia y la desgracia verdadera, auténtica, pues ahí está: la felicidad de la pasión amorosa es una felicidad ficticia, porque en el fondo amamos las ilusiones que nos hacemos acerca del otro, amamos, nos alegramos por los proyectos de futuro… Cuando salimos de la ilusión de la pasión amorosa, no significa necesariamente que no nos queramos más, sino que hemos aprendido a amar la verdad del otro. Y en la pareja hay un poco de cada cosa: hay una parte de desilusión, es decir, que la mujer que vive conmigo perderá las ilusiones acerca de mí, como yo pierdo las ilusiones acerca de ella. Pero lejos de dejar de querernos, aprendemos a querernos tal como somos. Y, en el fondo, una pareja feliz es una pareja que pasa del amor ilusorio, de la pasión, al amor verdadero. Pues la filosofía está del lado de este amor verdadero. Si la vida no se corresponde con mis ilusiones, tal vez no se equivoque la vida, sino mis ilusiones, que son vanas. Si es al revés, me libero de mis ilusiones; si la acepto tal como es, entonces la puedo amar tal como es, y es lo que llamo una feliz desilusión, es decir, el encuentro con la sabiduría.

Usted estudia la muerte, el sexo, el amor, la amistad, porque son elementos sobre los que usted se interroga para saber cómo se debe comportar ante ellos. 
Sí, por supuesto, la filosofía es la búsqueda de la verdad, el amor a la verdad, el placer de entender, pero no solo para los filósofos. Nos gusta más entender que no entender. Lo que es tal vez específico en la filosofía es en el fondo el hecho de buscar algo: el hecho de buscar la mayor verdad posible, y la mayor felicidad posible, intentando articular ambas cosas. Alguien que estudia matemáticas busca una verdad matemática, pero no cuenta con las matemáticas para ser feliz. Y alguien que busca la felicidad en la ilusión es otra cosa. La singularidad del filósofo en el fondo es que tiene dos amores: la verdad, la razón, entender, y la felicidad. E intenta vivir ambos amores juntos, pero privilegiando la verdad. El hecho de que una idea me haga feliz no quiere decir que tenga que pensarla, porque muchas ilusiones me hacen feliz más fácilmente que muchas verdades desagradables que conozco. Por tanto: la felicidad es el objetivo, pero la verdad es el camino.

Todo eso dividido por el tiempo porque lo que convierte la felicidad, el amor, el placer, incluso la amistad, es la evidencia de que el tiempo viene y acaba con todo. 
La muerte. La muerte. El tiempo… ¿Cuánto tiempo querré a mis hijos? El tiempo que viva: es una evidencia. Por tanto, la muerte se lo lleva todo, pero el tiempo no. ¿Cuánto tiempo querré a mi mejor amigo? Sinceramente, nos conocemos desde hace 40 años, nos queremos desde hace 40 años, no hay ninguna razón para que pare. Lo más probable es que lo quiera hasta mi muerte. ¿Cuánto tiempo querré a mi pareja? Pues llevamos 24 años viviendo juntos, seguimos queriéndonos, y lo más verosímil, me parece, es que sigamos queriéndonos. Por tanto, no es cierto que todo desaparezca con el tiempo. Y, de hecho, pienso que si casi todos escogemos vivir en pareja, vivir una historia que dure, es porque llevamos dentro lo que el poeta Paul Éluard llama “el duro deseo de durar”. No es cierto que el tiempo lo borre todo. Hay amores que duran hasta la muerte, por nuestros hijos, es una evidencia, pero también es cierto de la mayor parte de las amistades verdaderas, es cierto de muchas parejas. De ahí lo trágico: quisiéramos que el amor durara siempre


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