7 apellidos vascos y uno aragonés

Hacía bastante tiempo que no me reía tanto viendo una película. La receta parece simple: estirar los tópicos de dos zonas de la geografía española, hasta el punto de crear situaciones equivocadamente hilarantes.

Muchos de los tópicos que contextualizan a los personajes, responden a generalizaciones culturales, estereotipos... que al mostrarse se revelan auténticamente ridículos. (Un buen ejemplo es el título de la película y el pedigrí racial que se le supone al que tiene los ocho apellidos vascos. Al descubrir que el apellido "Clemente" no es vasco, se supone el disgusto familiar y un gusto gastronómico equivocado.) 

No obstante, no son pocos los que se quejan de que la película  fomenta los prejuicios regionales. Sin embargo, por un lado, no hemos de tomarnos tan en serio; por otro, como decía Gadamer, los prejuicios son necesarios para obtener conocimiento. De lo contrario, terminaríamos todas nuestras discusiones con aquella cita de Churchill cuando le preguntan: "¿Qué le parecen los franceses?", a lo que él respondió: "Pues no sé. No los conozco a todos". Pero también es evidente, que no nos podemos instalar en el prejuicio, pues como decía Chaplin: "Toda generalización es errónea, incluso ésta"  Proponemos un sano escepticismo que nos lleve a profundizar nuestros análisis desde la prudencia.

Finalmente, la moraleja de la película nos anima a poner a las personas por encima de las identidades culturales y ensalza la posibilidad de poner los sentimientos de afecto y amor por encima de las ideologías y de los contructos de identidad cultural: ese fake resultante de identificar lengua, nación, pueblo y rito. (La gran falacia del romanticismo del siglo XIX y el motor de las grandes guerras del XX)

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