De centenario a centenario

Se cumple el centenario del nacimiento del filósofo español Julián Marías quien "fue un oasis para muchos en la época del franquismo" Javier Marías habla de su padre con motivo del centenario de su nacimiento: España "es un país con muy mala memoria; un país -lo ha sido toda la vida, no es ninguna novedad- muy poco agradecido" Desde este humilde blog hacemos memoria de uno de los poco autores de lengua española que se ha llevado a buen término el realizar una Historia de la Filosofía. Además, es para nosotros casi obligatorio rescatar el artículo en el que compara a Kant con Cervantes.



Julián Marías 
EL PAÍS, domingo, 10 de mayo de 1981
Kant y las generaciones
En el centenario de la "Crítica de la razón pura"

Hace doscientos años, en 1781, apareció el libro que había de iniciar el «giro copernicano» dentro de la filosofía moderna: la Crítica de la razón pura, de Immanuel Kant. Centenares de libros, millares de artículos en todas las lenguas, se han escrito sobre la obra de aquel oscuro profesor de Königsberg (ciudad que hoy es soviética (i) y se llama Kaliningrad). Se ha desmenuzado ilimitadamente el contenido de la Crítica y, en general, de todo el pensamiento kantiano; no parece fácil añadir nada nuevo a lo que se ha dicho en dos siglos; sin embargo, quizá es posible mirar a Kant desde una perspectiva no ensayada; tal vez muestre una nueva faz de su realidad. Hace algún tiempo se me ocurrió examinar la figura y la obra de Cervantes desde el punto de vista de las generaciones (en Literatura y generaciones, Austral). Resultó que una buena parte de las anomalías que Cervantes presenta, y que se han tratado de explicar recurriendo a teorías arbitrarias e injustificadas, se aclaran tan pronto como se tienen presentes unos cuantos hechos de todos conocidos y se los toma en serio, en lugar de pasarlos por alto.

Algo parecido sucede con Kant. Hay un extraño paralelismo entre los dos grandes creadores. Cervantes era un autor más bien oscuro, estimado, pero no de gran importancia, hasta la publicación del Quijote, en 1605; como había nacido en 1547, tenía 58 años. Kant no alcanzó notoriedad -ni su pensamiento tuvo verdadera originalidad- hasta la publicación de la Kritik der reinen Vernunft; como había nacido en 1724, tenía 57 años. Es decir, Cervantes y Kant comienzan a ser grandes creadores -y a tener influjo- casi a la misma edad, en lo que eran los confines de la vejez. Aunque sus biografías son enteramente diferentes, y también difiere su posición dentro de sus generaciones respectivas, este hecho tiene graves consecuencias. De Cervantes me ocupé en1973; veamos ahora qué sucede con Kant, visto desde análoga perspectiva.
Según mi escala de generaciones, Kant pertenece a la de 1721 (es decir, los nacidos entre 1714 y 1728). ¿Quiénes fueron sus compañeros de generación, esto es, sus coetáneos? En Alemania, Baumgarten, Crusius, Winckelmann, Lambert; en el resto de Europa, Vauvenargues, Helvetius, Condillac, d'Alembert, Turgot, Holbach, Adam Smith, Gainsborough, Ventura Rodríguez, los tres grandes políticos Aranda, Campomanes y Floridablanca, y su rey Carlos III.
Si se considera, entre estos hombres, a los que tienen una significación intelectual, en especial filosófica, la impresión es que son enormemente antiguos, absolutamente prekantianos. Representan un nivel anterior, incomparable con el que pertenece a Kant. Se pensará que la genialidad de Kant lo explica. Lo malo es que si se echa una mirada sobre la generación siguiente (la de 1736) resulta igualmente «prekantiana». ¿Quiénes son sus miembros? Lessing, Mendelssohn, Hamann, Jacobi, Condorcet, Bernardin de Saint-Pierre, Beaumarchais, Haydn, Hervás y Panduro, Villanueva, Juan Andrés, Cadalso, Capmany.
Lo que resulta asombroso es que esa impresión «prekantiana» la produce igualmente la generación que sucede a ésta, es decir, la de 1751. Entre sus componentes se cuentan: Herder, Pestalozzi, Goethe, Salomon Maimon, Reinhold, Mozart, Joseph de Maistre, Louis de Bonald, Destutt de Tracy, Laromiguière, Cabanis, Bentham, Dugald Stewart, Volta, Alfieri, Jovellanos, Masdeu, Arteaga, Goya, Tomás de Iriarte, Meléndez Valdés, Forner, Sempere y Guarinos, Carlos IV.
¿Qué quiere decir todo esto? La entrada en la historia de cada generación se produce globalmente hacia los treinta años; cuando la generación, como tal, tiene 45, alcanza el poder social; este período termina a los sesenta, y entonces la generación que estaba en el poder pasa a la reserva, reducida a un número limitado de «supervivientes». (En nuestra época hay un segundo período de vigencia, entre los sesenta y los 75, por lo menos, para lo que he llamado la «generación augusta», para distinguirla de la «cesárea», de los 45 a los sesenta.) Pues bien, el poder social de la generación de Kant termina en 1781, es decir, cuando se publica la Crítica de la razón pura, cuando empieza el kantismo original y creador, lo que se llamó el criticismo. Es decir, Kant entra realmente en la filosofía cuando le corresponde a su generación salir del escenario histórico. Todo el Kant creador es posterior a su tiempo (como le ocurre a Cervantes). Cervantes y Kant existen como tales porque tuvieron un plus de longevidad que les permitió realizar su obra más allá de su tiempo histórico, y Kant es, en rigor, posterior a sí mismo.
Toda la obra eficaz de Kant -la kantiana y no «precrítica»- es generacionalmente póstuma. La existencia verdaderamente histórica de Kant -desde 1781 -coincide con la entrada en la historia de la generación de 1751, tercera respecto a la suya propia. Sus nombres son los que en algún sentido nos suenan a «kantianos», nos parecen tener cierta afinidad con el nivel de la obra de Kant. Lo curioso es que son dos generaciones más jóvenes que él. Estos hombres -tómese el nombre capital, Goethe- se encuentran con Kant al iniciar su actividad histórica, y lo encuentran como la gran novedad.
Los demás, los verdaderos coetáneos de Kant y aun los de la generación siguiente, se encuentran con que Kant les sobreviene cuando ya están dentro de la vida, plenamente activos. Cuando Kant publica su libro genial era muy poco conocido dentro de Alemania y prácticamente nada fuera. Y cuando sus coetáneos y sucesores inmediatos están ampliamente metidos en actividades intelectuales, dentro de la madurez, les sobreviene Kant con su Crítica. En cambio, los hombres de la generación de Goethe la encuentran al salir y, por tanto, condiciona su trayectoria intelectual entera. Véase cómo esa aparente masa amorfa que es la historia empieza a articularse en un relieve, como un mapa en que se indican las altitudes y aparecen las montañas, los valles, las mesetas, las llanuras, las depresiones.
Pero esto quiere decir algo muy interesante, y es que los que podemos llamar discípulos de Kant son mucho más jóvenes que él. Los seguidores y continuadores de Kant no son, por supuesto, sus coetáneos, pero tampoco los de las dos generaciones siguientes, sino los de la de 1766. Es decir, los kantianos son poskantianos. Es curioso que el nombre que se da usualmente al idealismo alemán no es «filosofía kantiana», sino «filosofía poskantiana». De tal modo que cuando en la segunda mitad del siglo XIX hay un rebrote de kantismo no se llama a ese grupo de escuelas «kantismo» ni «poskantismo», sino «neokantismo». Los primeros kantianos son mucho más jóvenes que Kant. Filosóficamente, Kant no tuvo hijos, sino nietos.
El más viejo kantiano creador, el primer discípulo -indirecto- que continuó el kantismo fue Fichte. Pero Fichte nació en 1762, es decir, pertenece a la generación de 1766, cuarta si se cuenta desde la de Kant. Estas son las anomalías en que nunca se repara; esto es lo que no se dice nunca, porque no se ve; se toman las fechas de un modo inerte, que a lo sumo indica cantidad, no de un modo histórico. Históricamente, en tres generaciones posterior a Kant.
Sus coetáneos son Schiller, Baader, Scheiermacher, Hegel, Hölderlin, August Wilhelm y Friedrich Schlegel, Alexander y Wilhelm von Humboldt, Novalis, Fries, Beethoven, Saint-Simon, Mme. de Staël, Chateaubriand, Maine de Biran, Royer-Collard, Degérando, James Mill, Malthus, Wordsworth, Walter Scott, Coleridge, Moratín, Conde, Mor de Fuentes, Marchena, Godoy y -no lo olvidemos- Napoleón.
Esta es la primera generación poskantiana. Por tanto, hay dos generaciones históricas posteriores a Kant que no son poskantianas, porque Kant, filosóficamente, es ya poskantiano.
Estos hombres son ya clara e inequívocamente románticos, la primera generación romántica. El resto de los poskantianos, del Idealismo alemán pertenece a la generación siguiente, la de 1781; es decir, los nacidos en torno a la Crítica de la razón pura: Schelling, Herbart, Krause, Bolzano, Heinrich von Kleist, Jakob Grimm, Uhland, Schopenhauer, Hamilton, Southey, Turner, Byron, Washington Irving, Lamennais, Stendhal, Gay-Lussac, Foscolo, Manzoni, Lista, Blanco White, Gallardo, Martínez de la Rosa, Andrés Bello.
En rigor, las cosas son todavía más extremadas que lo que acabo de mostrar. Kant publica la Crítica de la razón pura en 1781, justamente al terminar la vigencia social de su generación; pero ni siquiera entonces tiene demasiada influencia. Tardó varios años en hacer efectos. Hasta la segunda edición (1787), que introdujo importantes cambios, la Crítica no fue verdaderamente actuante. Fichte -primer verdadero kantiano- no leyó el famoso libro-hasta 1790, y eso porque un estudiante le pidió lecciones sobre la filosofía kantiana, que apenas conocía; se puso a estudiarla, y el 12 de agosto de ese año le escribe a su novia que se ha lanzado «de golpe y porrazo» (hals und kopf) en la filosofía kantiana. El año siguiente ha tenido la gran revelación que lo hace sentirse feliz: la doctrina de la libertad en Kant, que va a impulsar su filosofía personal.
Su entusiasmo viene en realidad de la lectura dé la Crítica de la razón práctica (aparecida en 1788), aunque reconoce que esta parte moral de la filosofía kantiana «resulta incomprensible sin estudio de la Crítica de la razón pura».
No digamos cuándo se producen los efectos exteriores de Kant. El interesante libro de Charles Villers Pitilosophie de Kant, primera presentación, llena de precauciones, a los lectores franceses, se publicó en Metz en 1801. El largo prefacio de 62 páginas es un documento revelador que merecería ser estudiado a fondo para aclarar unas cuantas cosas que afectan a Alemania, a Francia y a la transmisión de las ideas.
¿Cómo puede entenderse la historia del pensamiento si no se ven las «distancias» reales, las relaciones de coetaneidad o contemporaneidad, la figura efectiva con la cual ingresa cada autor en las mentes de los demás, las verdaderas relaciones entre unos y otros? ¿Cuándo se comprenderá que ni la cronología ni la estadística bastan para hacer historia, para entender algo humano, sino que hace falta además la razón histórica?

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