Cuidado con el más allá

Con frecuencia subestimamos el mundo de las creencias y pensamos que cada uno es libre de creer en lo que quiera. Esto sería un ejercicio de fe en la bondad del ser humano digno de alabanza, si no conllevase consigo consecuencias prácticas. 
En el mundo de hoy, nuestro posmoderno siglo XXI, no son pocos los ejemplos de fanatismo religioso que traen hasta nosotros sus consecuencias violentas. No podemos olvidar la promesa de un más allá de ensueño para aquellos que se inmolan por su dios. Por desgracia, ejemplos parecidos abundan en todas las religiones; por eso hemos de tener la gravísima preocupación por educar en unas creencias saludables: ante la miopía de nuestros políticos, nunca ha sido más necesaria y más urgente una asignatura de religión(es)con fuerte carga lectiva y un profesorado competente y bien formado (no sólo creyente).

El motivo de esta reflexión quijotesca es la reciente noticia: "Investigan el intento de suicidio de una menor sometida a varios exorcismos" (Para leer la noticia completa de Diario de Burgos pincha aquí)

Dejando de lado el sensacionalismo periodístico, no podemos obviar el contexto religioso de la noticia. En la Facultad de Teología de la misma ciudad he podido presenciar a un profesor presentarse como el predicador del demonio y también me han relatado el caso de una profesora de religión que manda a su alumnos trabajos sobre la relación del yoga con el demonio y he escuchado con espanto una homilía acerca de la condenación de los infieles... además de ser la ciudad con las más variopintas organizaciones de fanatismo religioso: quienes mezclan elementos pseudorreligiosos, como la adivinación, con castigos corporales, lectura literal de los libros sagrados, predestinación y un afán sin límite por sacralizar el ámbiuto público. Evidentemente éstos no son todos los creyentes, ni siquiera la mayoría; pero su presencia es más que notable en una pequeña ciudad de provincias.

A raíz de este caso, (en el que los padres están siendo acusados de delitos de lesiones graves, trato degradante, coacciones, inducción al suicidio y violencia física y psíquica habitual) donde los problemas de anorexia y ansiedad han terminado interpretándose como posesiones diabólicas (con la consiguiente suspensión del tratamiento psiquiátrico), los exorcistas temen por el futuro de la profesión. La sentencia del caso, de ser inculpatoria, podría crear un precedente condenatorio peligroso para el gremio; a pesar de que la diócesis de Madrid haya estado formando cada vez a más exorcistas. Es curioso, cuando menos, que no les preocupe tanto el avance de la ciencia, que ha dado ya por explicadas las supuestas posesiones diabólicas. (Para leer la entrada donde explico esto pincha aquí) Parece que aún queda en nuestra Iglesia la idea medieval que Ummberto Eco explicaba con fray Jorge de Burgos (¡qué ironía!), personaje de El nombre de la rosa: «La risa mata el miedo, y sin el miedo no puede haber fe, porque sin miedo al diablo ya no hay necesidad de Dios».

Fray Jorge de Burgos, el bibliotecario ciego, en "El nombre de la rosa"

Finalizaré con una cita a la que ya he acudido en otras ocasiones del Diccionario teológico del Nuevo Testamento de Lothar Coenen, Erich Beyreuther y Hans Bietenhard: "La idea del diablo (Satán) y la creencia en su existencia personal pertenecen, para el hombre «culto», para el «que ha entrado en la mayoría de edad», al mundo del mito, de la fábula o de la superstición primitiva" "A esto hay que añadir que, según la historia de las religiones, lo que se dice entre los cristianos del demonio está sujeto a influjos extrabíblicos, paganos y precristianos".

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