La mala memoria histórica (y filosófica)

Es curioso cómo el juicio de la historia puede llegar a ser antojica incluso con las cosas más sublimes. Me estoy refiriendo al caso de los sofistas. La palabra "sofista" (sophistés) fue un sinónimo de "sabio" (sophós), en su uso inicial. Sólo la influencia de los diálogos platónicos otorgó el sentido peyorativo de demagogo o engañador a tales personajes. Hoy, cualquier libro de texto escolar mantiene tal prejuicio, a pesar de que hace décadas que los expertos han sabido deslindar correctamente lo que ellos decían, de lo que decían de ellos.
 

Los sofistas no formaron una escuela de pensamiento estructurada o algo parecido, ni buscaron crear un sistema de pensamiento. El giro sofista de la filosofía fue la adaptación a la vida práctica que suponía la estrenada democracia griega. Por eso, su centro de interés fue la política, la moral, la religión, la educación, el lenguaje, etc. La respuesta que proponían ante tales cuestiones, ponía en tela de juicio la posibilidad de conocer con verdad la physis y cuestionaba el modo tradicional de entender la polis. Por eso, siempre se les ha calificado como relativistas y escépticos, dando por supuesto que son dos posturas moralmente inaceptables. Sin embargo, tanto el relativismo cultural como el escepticismo gnoseológico son sanamente (post-) modernos. Por tanto, enseñemos a rebatir con argumentos y no a desprestigiar con prejuicios pseudo-moralizantes (para esto ya está la tele...) y hagamos un ejercicio de buena memoria histórica.

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