¿Puede un cordero quitar el pecado del mundo?



Juan El Bautista se refirió a Jesús como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29). Así lo recoge el evangelio de Juan y decimos que es Palabra de Dios. Además, esta expresión enraíza con la tradición profética del siervo de Yavé, quien “no abre la boca, como cordero llevado al matadero” (Is 53, 7) se iba a ofrecer. Es la tradición sacrificial del pueblo de Israel. Además, desde los primeros pasos de la Iglesia se incluyó en la liturgia y lo repetimos en la Eucaristía, hasta hacerse presente en el inconsciente colectivo cristiano. Así que es Tradición también. Las fuentes de la revelación lo confirman: Jesús de Nazareth fue realmente “el cordero de Dios”, la víctima propiciatoria “para quitar los pecados del mundo”. ¿…O no?
¿Puede la metáfora del Cordero de Dios seguir valiendo hoy si le dispensamos de la muerte?
El horizonte hermenéutico se aclara si caemos en la cuenta de que tanto Juan el bautista, como el evangelista y el resto de protagonistas y escritores del nuevo testamento eran judíos. No podían “arrancarse” su mentalidad judía. No podemos exigirles que se “salgan” de su cultura judía. No podían “ver” la vida de Jesús más que a través de ese cristal de color judío. Por eso, “no les queda más remedio” que escribir desde esa perspectiva. Para ellos, existía una estructura fija y verdadera: Pecado (ofensa a Dios) - Expiación (sacrificio) - Justificación - Perdón. Sin justificación (es decir, volver a hacerse justo) sólo cabía el castigo, incluso por generaciones. Era imposible llegar al perdón si no era pasando por esas etapas. Esa estructura mental no se la podían quitar, estaba en su intelecto para entender e interpretar el mundo.
¿Puede la metáfora del Cordero de Dios seguir valiendo hoy si le dispensamos de la muerte?
En el nuevo testamento, escrito por judíos, se mezclan las percepciones judías y cristianas: la comunidad de seguidores de Jesús estaba poniendo en crisis el viejo paradigma, que aún subsistía notablemente. Por eso, es tan difícil separar continente y contenido. Sin embargo, aquí parece evidente que esta estructura mental no forma parte del contenido de la predicación del nazareno, quien carga contra los que venden animales para el sacrificio en el Templo (especialmente contra los vendedores de palomas, que eran la ofrenda común de los pobres que no tenían dinero para un cordero: (Lc 2,24) “un par de tórtolas”). Jesús no pedía sacrificio ni requisito alguno para recibir el perdón de Dios, pues el perdón (lo que es lo mismo, la curación) estaba en la fe de quien lo solicitaba: “Tu fe te ha salvado” (Lc 7, 50; Lc 17, 19; Lc 18, 42;  Mc 10, 52; Mc 5, 34; Mt 9, 22), no es la religión, el rito, el mandamiento, el Templo. Es tu fe.

Comentarios

  1. Me encanta, me sugiere, me aporta, me confirma... GRACIAS, Javi.

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  2. Gracias a ti, Elena, inspiras muchas de mis quijotadas.

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