¿Y tú qué ves aquí? ¿Aceptas el reto?

A propósito de la feria de arte contemporáneo de Madrid ARCO, abundan los comentarios de quienes se vanaglorian públicamente de despreciar el arte contemporáneo alegando su simplicidad con frases del tipo: "eso lo hace cualquiera" o "parece de un niño pequeño" y cosas por el estilo. Ciertamente que en este tipo de eventos podemos encontrarnos con arte de calidad y arte mediocre o malo; pero eso no incapacita a toda una generación de artistas.

El revuelo mediático lo ha causado "El vaso medio lleno", o más bien, los 20.000 euros que se pedían por esta "obra única"; de la que todos tenemos una copia en casa. Es evidente la ironía del artista con esta pieza, el humor casi hiriente con ese título y ese precio. Pero cuidado, en el ejercicio de deconstrucción del arte, podemos llegar a vanalizarlo de tal modo que nos quedemos no sólo con la depreciación del arte, sino con su final.

"El vaso medio lleno" de Wilfredo Prieto, en ARCO.

El polifacético Siro López nos ha dejado su propia versión en las redes sociales para que todo el mundo disfrute del arte desde la gratuidad.


El vaso medio lleno es un ejemplo de descontextualización  de objetos de la vida cotidiana que nos remonta al readymade de las vanguardias y al genial Duchamp con su urinario al que llamó "La fuente". Aquí se nos planteaba cierto juego conceptual que no todo el mundo acepta al contemplar la obra. Al ver la obra en el Tate Modern de Londres, comprobé que era una pieza para un público minoritario, paradójicamente. (Espero que no sea necesario explicar la ironía de que un elemento tan cotidiano se convierta en minoritario)

"La fuente" M. Duchamp
Nuestra educación estética está basada en un clasicismo destinado a valorar la técnica artística, el artefacto, el objeto artístico por encima de la experiencia estética del receptor. Sin embargo, las vanguardias del siglo XX ya cortocircuitaron esta concepción del arte. Por eso la propuesta es educar la mirada y la sensibilidad para ver más allá. 

Espero explicarlo mejor con un ejemplo. La siguiente obra, de la que podríamos decir todas esas críticas que escribíamos arriba: "mi niño pequeño dibuja mejor", "eso lo hace cualquiera"...


Esta obra es, sin embargo, el famoso "Angelus Novus" de Paul Klee, un magnífico ejemplo de parodia e ingenio. El título hace referencia a una leyenda del Talmud hebreo que nos dice que una legión de ángeles nuevos son creados a cada instante para, tras entonar su himno ante Dios, terminar y disolverse ya en la nada. 

Quizá el paralelismo con el nómada pueblo hebreo, explique el periplo de la obra en cuestión: en 1921 Benjamin compró la acuarela de Paul Klee; por unos meses permanece en Münich en casa de G. Scholem y luego es llevada a Berlín. Benjamin pensó en suicidarse en 1932 y dejar de herencia la pintura a su amigo Scholem. Después, en 1935, Benjamin emigra a París y lleva la obra consigo. En 1940, antes de partir a los Pirineos para intentar escapar de los nazis, la deja en la Biblioteca Nacional de París. Al terminar la Segunda Guerra Mundial es llevada a Estados Unidos en donde queda en manos del filósofo Thedor Adorno, que a su regreso a Frankfurt la lleva consigo. En la actualidad, la acuarela está en el Museo de Israel en Jerusalen, legada por la viuda de Scholem..

La mirada del filósofo Walter Benjamin en “A propósito del Ángelus Novus de Paul Klee”, describía así la obra: 

"Hay un cuadro de Klee (1920) que se titula Ángelus Novus. Se ve en él a un Ángel al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava su mirada. Tiene los ojos desencajado, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la Historia debe tener ese aspecto. Su cara está vuelta hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que acumula sin cesar ruina sobre ruina y se las arroja a sus pies. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero una tormenta desciende del Paraíso y se arremolina en sus alas y es tan fuerte que el ángel no puede plegarlas… Esta tempestad lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas mientras el cúmulo de ruinas sube ante él hacia el cielo. Tal tempestad es lo que llamamos progreso”

Al contemplar el Ángelus Novus nos surge una reflexión y, sobre todo, tenemos una experiencia estética concreta. ¿Me atrevo a compartirla? Puedo contestar con profundiad a la pregunta: ¿qué ves cuando miras Angelus Novus? ¿Aceptas el reto?

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