Microrrelatos (VIII) "Arundhati y Hanuman"

Arundhati nunca tuvo una vida fácil. Ni blanca ni negra. Sin familia. Sin casta. En Mumbai eso era un problema. Había nacido en un basurero. Entre trigres de Bengala. Pertenecía a ese tipo de personas que apenas son una cifra en las catátrofes naturales. Era india, pero nunca había visto el Taj Mahal, ni tan siquiera sabía de su existencia. La vida no le sonreía; pero ella se carcajeaba de la vida, con aquella fila de dientes blancos. Bueno, en realidad Hanuman era quien reía. Percibía de forma íntima la deidad en su interior, su descomunal fuerza y su tremendo poder de concentración. Por eso, había crecido entre tigres sin problemas.

Arundhati fue creciendo y tuvo que ir descubriéndose a cada paso. Hánuman, considerado protector de los enamorados, símbolo de la lealtad, valor, fidelidad, abnegación y amistad, le habitaba. Por eso veía su retrato en los edificios oficiales, desde la policía y el ejército, hasta en la casa de los que dedican su vida al servicio de los demás. Veía su rostro a cada paso, ¿el de Hánuman o el de Arundhati?

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