"Hacia un tiempo de síntesis"

Llevo rumiando casi un año el libro de Javier Melloni que titula esta entrada. Por fin lo he acabado (no sé si digerido) y me quedo con la satisfacción de haber invertido bien mi tiempo lectura. Por ahora, es la primera obra a la que pueda etiquetar de teología posmoderna sin rubor, ni menosprecio. La conciencia de estar en un paradigma diferente caracterizado por el fragmento es la clave para abordar correctamente el tema de Dios hoy. 

El proyecto ilustrado de la modernidad se hizo pedazos con la crisis de los grandes relatos y ahora hay quienes se empeñan en ir pegando los pedacitos, otros pretenden tirarlo todo a la basura; pero hay quienes van tomando conciencia de que hemos inaugurado un tiempo nuevo: el tiempo de hacer de síntesis. Con las tradiciones religiosas podemos ver que se cumple al pie de la letra este cambio de paradigma.

Particularmente he tomado nota de un importante cambio de perspectiva. Durante muchos años hemos estado intentando llenarnos de ideas, de experiencias, de sentido... para ser felices. Y sentirse vacío era sinónimo de sinsentido, de angustia, de vacío existencial... Sin embargo, podemos aprender a vaciarnos, a soltar, a dejar de lado nuestro ego para ir asumiendo la perspectiva de la gota en la inmesidad oceánica, para ir dando pequeño pasos hacia una espiritualidad no dual, para adentrarnos más adentro, para ir de la nada al ser (pobre Sartre), pues a medida que somos más nada más conscientes somos de estar habitando el ser en el Ser.

Esta obra nos ofrece un nuevo marco, un nuevo terreno de juego de la interioridad, tomando lo mejor de cada tradición religiosa desde la esperanza de un proyecto común asumible por todo ser humano. No voy a entrar en describir el ejercicio de discernimiento que hace Melloni de las tradiciones orientales y monoteístas (para eso es mejor leerse el libro y disfrutar); pero quedémonos con la urgencia de hacer poda de los elementos superfluos de cada una de las tradiciones, para poder quedarnos con lo que nos une, que es mucho más y mucho mayor. Este proceso, este darse cuienta de lo que nos une es sorprendente.

Al mirar la contraportada, me invadía la imagen de Gaudí construyendo su obra de arte en el parque Güell  partir de trozos de azulejo. Es una metáfora adecuada para expresar la capacidad de engendramiento del diálogo interreligioso. Es decir, no hay que renunciar a la propia identidad religiosa (color, brillo, forma del pequeño trozo de azulejo), para poder sentir que se participa de un precioso todo mayor (el conjunto de toda la obra de arte) y hay que reconocer la humildad de la propia tradición. Hemos de alegrarnos de pertenecer al fragmento, porque nuestro horizonte es la síntesis.

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