Confesiones nocturnas de un "bombero" frustrado

Con los años he ido descubriendo que poco importa tener razón si ello supone un perjuicio a la relación entre quienes pugnan por tenerla. La verdad no es nunca individual. La verdad posmoderna no es algo que se descubre en la naturaleza, ni una adecuación entre el intelecto o la sensibilidad y la cosa. La epistemología posmoderna reconoce la verdad como construcción. La verdad es siempre en-relación, es verdad-con. Por eso, es fácil reconocer que los posicionamiento a favor o en contra de forma dogmática o las posturas enrocadas en un "tengo razón le pese a quien le pese" tienen más que ver con nuestra sed de ego que con la verdad.

En el día a día, en el ambiente de las relaciones cotidianas me encuentro con frecuencia en el rol de "apagafuegos". Es como si viviésemos en una atmósfera relacional de gas butano a la espera de que salte una chispa. Con desigual éxito, propongo desdramatizar situaciones, no polemizar por pequeñeces, no hacer frentes o trincheras,  e intentar poner el bien mayor de la concordia por encima de los intentos de tener razón a cualquier precio. No está de moda en el mundo adulto pedir disculpas, mostrarse humilde o de buen humor. Tampoco entre nuestros jóvenes está de moda el buen entendimiento: asisten cotidianamente por televisión a tertulias deportivas, del corazón, políticas... donde el espectáculo lo pone la víscera Las redes sociales, por su parte, son demasiadas veces lugar de linchamiento público.

A pesar de mis esfuerzos y buenas intenciones no suelo tener resultados deslumbrantes y, en ocasiones, me vence también la dinámica incendiaria (mis disculpas). Cada día agradezco más el agua fresca y oportuna del silencio, la calma y el sosiego.

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