El poder de las palabras

Ayer alguien me dedicó estas palabras: "Muchas gracias a ti, que esto no lleva dos minutos prepararlo y a ti nunca nadie te da las gracias". He de reconocer que se me humedecieron los ojos. Seguramente nunca me hubiese imaginado que fuese precisamente esa persona quien me lo fuese a decir. Me sentí desarmado por lo certero de cada una de las palabras, por la mirada firme a la par que amable y el gesto cogiéndome el brazo. Apenas balbucee: "Gracias a ti". Cuando en realidad me hubiese gustado decir: "Gracias a ti, no sabes cuánto necesitaba oír eso".

El lenguaje configura la realidad. Las palabras nos sanan nuestra realidad interior cuando son adecuadas. He recordado a Viktor Frankl y su logoterapia.

No es indiferente el tono, el gesto, la amabilidad o la rudeza... aproximadamente el 70% del mensaje lo emite nuestro lenguaje no-verbal. Importa lo que decimos y cómo lo decimos.

Si no estás convencido haz la prueba: repite en tu interior frase positiva, sencilla pero directa (por ejemplo, "Todo va a ir bien"), a lo largo del día y luego evalúa el efecto. Si aun así no estás convencido del todo, prueba lo contrario repítete a cada rato: "No valgo para nada", "Vaya asco de vida"... te aseguro que terminarás el día profundamente derrotado. Las palabras pueden sanar o pueden herir.

Wittgenstein sostuvo que las palabras pueden configurar la realidad porque mantienen la misma estructura lógica. Si estaba en lo cierto, la lógica de la realidad es la lógica del ser que comparten.

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