Tras la física cuántica, ¿podemos acercarnos a la Biblia de la misma manera?

Ya en el medievo podemos vislumbrar cómo el mundo occidental tuvo que hacer un esfuerzo para acercarse a la Biblia desde la categorías culturales nuevas. La recepción de las ideas platónicas y aristotélicas supuso un choque entre la sabiduría bíblica y las filosofías griegas. Necesitamos personajes de la talla de sto. Tomás de Aquino para salir de aquel atolladero. 

Posteriormente llegó la revolución copernicana (o heliocéntrica) y hubo un cambio de paradigma de la mano del Renacimiento que tuvo una salida traumática. Independientemente de otros elementos de carácter político, económico, espiritual... había dos propuestas diferentes de acercarse a la Escritura que no fueron capaces de armonizarse y se provocó una ruptura histórica. Lutero quedó en la cuneta. (Hoy reconocemos que "Lutero dio un gran paso para poner la Palabra de Dios en las manos de la gente", dice el papa Francisco).

Finalmente llegó el darwinismo y ahí ya no hubo manera de esquivar el cuestionamiento: era imposible seguir leyendo de manera literal la Biblia. Surgieron reacciones racionalistas, de desmitologización, acercamientos estructuralistas, aplicación de los géneros literarios, de los códigos simbólicos, el método histórico-crítico y, sobre todo, la conciencia de la importancia de tener un acertado horizonte hermenéutico. La "Dei Verbum" ha sido, sin duda, un logro y una costatación de todo ello.

Sin embargo, el proyecto ilustrado de la razón está en crisis: la racionalidad propia de la ciencia clásica, el propio esquema de percepción sujeto-objeto, los grandes relatos... En vista de esto, ¿podemos seguir acercándonos a la Biblia de la misma manera después de la revolución cuántica? Hay al menos tres consecuencias de la revolución de la física cuántica (básicamente de la superposición cuántica y el principio de incertidumbre) que podemos aplicar: 1) Reconocer la ruptura del esquema básico de percepción sujeto-objeto: del dualismo a lo no-dual. 2) Tener en cuenta la relación compleja con las cosas: la realidad no siempre responde a nuestro sentido común y no siempre podemos interpretar la realidad en nuestros esquemas de racionalidad; por ejemplo, hemos de dar cabida a un principio de causalidad complejo y 3) Mostrar una apertura que vaya más allá de lo puramente cognitivo: la realidad es misteriosa y nos acerca al umbral de otras dimensiones antropológicas además de la cognitiva. ¿Significa esto que en el paradigma posmodero cabe aceptar de forma irracional la revelación bíblica? Evidentemente no. Pero hemos de actualizar nuestra racionalidad a la lógica de nuestro tiempo y sacar las consecuencias prácticas pertinentes. Hemos de tomarnos en serio a Pablo VI cuando dijo: “Las maneras de evangelizar cambian según las diversas circunstancias de tiempo, lugar, cultura” (EN 40)

Mensajes como el de la imagen inciden en la lógica dual del que habla y el que escucha propia de otro paradigma
Uno de los teóricos de la posmodernidad, Gianni Vattimo, ha sido objeto de estudio por Jesús Rojano ("Relación entre cultura posmoderna y cristianismo en Gianni Vattimo") donde nos expone cómo vivir un cristianismo más viable, en la que llama “Edad de la Interpretación”.
El filósofo turinés basa sus propuestas en establecer un paralelismo entre la kénosis de Dios en la encarnación de Cristo y el nihilismo hermenéutico. Él considera dicho nihilismo hermenéutico como la actual koiné filosófica, procedente de una lectura conjunta de Nietzsche y de Heidegger. Vattimo describe a un Dios cristiano que por amor se hace débil, y propone que el centro de la vida cristiana sea la caridad, más que los dogmas o las normas morales rígidas.
Desde el siglo XIX, y de forma definitiva en el siglo XX, la Biblia dejó de ser un arma arrojadiza contra los científicos. Es posible que haya llegado el momento de dar el paso definitivo y renunciar a que la Biblia sea el libro que justifique nuestros dogmas y normas morales para quedarnos con el relato. Porque la racionalidad de los dogmas y normas morales no sólo no corresponden al paradigma actual, sino que introducen  al receptor en una lógica de extrañamiento que le aleja y le fuerza a llevar a la razón contra las leyes de la naturaleza y la propia percepción del mundo. Por ello, seamos consecuentes: 1) Superemos la tentación analítica. Huyamos de intentos dualistas donde un sujeto experto desentraña los secretos en el objeto bíblico: si nos anclamos en este enfoque no pasaremos de la fase propedéutica, porque el ser aspira a la unidad y no se conforma con el análisis racional. 2) Admitamos la complejidad de lo real y no hagamos lecturas unidireccionales. Cuidemos el contexto. No sólo el contexto del texto, sino el contexto de la lectura textual. Quedémonos con la narrativa y el personaje por excelencia: Jesús de Nazareth. Realicemos un ejercicio de epojé (abstención del juicio) y hagamos realidad ese "nihilismo hermenéutico" (citado arriba) que no sea producto de una angustia existencial, sino de un ejercicio de deconstrucción. 3) Desde esa actitud, vayamos del microrelato a la visión holística y sumerjámonos en el texto afectivamente para que, siendo afectados, resuene en nosotros una dimensión aún más profunda: quedar sin palabras ante la Palabra.

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