Interioridad ciudadana

Entrevista en el periódico La Vanguardia  a Thomas D’Ansembourg, abogado, psicoterapeuta de la comunicación no violenta



A veces las sociedades se parten por la mitad y no quieren entenderse.

La solución es aprender a escuchar. El problema es que ni siquiera sabemos que no sabemos escuchar. Escuchar es cerrar la boca para estar atento a las necesidades del otro y hacer el esfuerzo de desprenderse de capas y capas de ego.

Últimamente los políticos se levantan del hemiciclo y se van si algo no les gusta.

Es un reflejo infantil. Además de aprender a escribir leer y calcular, hay un cuarto pilar en la educación que es la inteligencia emocional.

Engloba mucho.

Sí, comprender quién soy, qué siento, qué me hace feliz, aprender a ser solidario, creativo, a compartir con los demás... Todo eso permite la expansión de uno mismo para estar al servicio de los demás en lugar de proyectar nuestra cólera sobre los demás.

Hay parlamentos que parecen circos.

Son escuelas de lucha y no de paz. Yo hablo de interioridad ciudadana para expresar este vínculo entre lo personal y lo colectivo. La paz no cae del cielo, la paz se aprende, por tanto una persona que ha pasado su vida dando portazos y ofendiéndose lo va a hacer en el hemiciclo.

En el Parlamento británico tumbaron a los político y los pusieron a respirar.

Quisieron saber lo que se experimenta al perseguir la paz interior, y hoy más de 115 parlamentarios y 80 de sus colaboradores se forman en mindfulness. Los beneficios del autoconocimiento están muy comprobados.

Sí, no incidamos.

Aprender a vivir de otra manera el conflicto es posible, y eso permite construir entre todos un sistema en el que las distintas partes se sientan a gusto y ninguna se quiera separar.

¿La paz interior conduce a la paz política?

Imagine que el gobierno decide encontrar los recursos para que cada persona disponga de tres horas semanales para el conocimiento de uno mismo, que es la forma de entender al otro.

Bonita idea.

Imagine que esto no sólo ocurre en los colegios, también en las universidades, en los hospitales, en las administraciones, en las empresas, en todos los servicios públicos... Imagine el efecto que produciría este esfuerzo en la comunidad. Un ciudadano en paz es un ciudadano pacificador. Cada uno de nosotros dispone de un poder de transformación tan esencial como ignorado.

Cuando hay una epidemia el gobierno se asegura de vacunar a toda la población. Tiene dinero para ello, capacidad de organización, personal... ¿Acaso no es urgente expulsar la agresividad de nuestra sociedad?

Hay que alimentar el bienestar en lugar de intentar compensar el malestar.

Eso es algo fundamental. Hoy los psicólogos de Catalunya tienen sus consultas llenas, hay una epidemia de malestar y es urgente que los servicios públicos ofrezcan a la población un kit de supervivencia, es cuestión de salud pública.

Para leer la entrevista completa haz clic aquí

Comentarios

Entradas populares de este blog

Educación de la interioridad: educar desde las experiencias que nos trascienden

"Las lágrimas son la sangre del alma" (san Agustín)

Educación de la interioridad y mindfulness