¿La mejor opción es el diálogo?

Probablemente he tenido un poco abandonado el blog, porque la necesidad de expresar la he ido cubriendo con otras iniciativas que me han ido surgiendo y han absorbido todas mis energías. Sin embargo, a veces la mejor opción es el silencio. De un tiempo a esta parte, sólo se oye bullicio. El ruido de palabras emitidas todas a la vez. Raramente alguien escucha con la intención sincera de aprender algo de su interlocutor. Podríamos esperar al menos asistir al intercambio de argumentos con la posibilidad de corregirlos o revisarlos. Pero no, el posicionamiento habitual es instalarse en la falacia ad hominem. El diálogo no ha de ser una batalla dialéctica. Las palabras sanan o hieren, eso no podemos perderlo de vista.

Jürgen Habermas, que es probablemente el filósofo vivo más laureado, se ha dedicado a la teoría de la accón comunicativa para abordar la crisis del Estado moderno y del derecho positivo. Sus últimos desarrollos se han centrado especialmente en la ética del discurso. Nos aporta el análisis de los procedimientos en la acción comunicativa que pretende establecer normas (por ejemplo para el diálogo) y constata la necesaria intersubjetividad para hablar de universalidad, pero los ciudadanos que vivimos en una sociedad democrática hemos de participar en una situación de discurso, que de consenso, de diálogo, en el cual todos participemos en el mismo nivel de importancia. La ética del discurso se vale del método trascendental (que consiste en la identificación de las condiciones de posibilidad de algún hecho previamente descrito) donde revela implícitas estas pretensiones de validez:

1-Inteligibilidad: lo que decimos es entendido por el que nos oye.
2-Sinceridad: lo que decimos es lo que realmente pensamos.
3-Verdad: lo que decimos es verdad, ceñido a los hechos objetivos.
4-Corrección: lo que decimos es conforme a las reglas intersubjetivas.

OEs decir, el hecho de que dos personas estén hablando no significa que estén dialogando. Por otro lado, John L. Austin primero y John R. Searle después, han generado uno de los grandes frutos de la filosofía del lenguaje: la teoría de los actos de habla. Allí afirma que “la intencionalidad de grupo o individual es independiente de la falsedad o veracidad de las creencias del individuo”, por eso no sólo es relevante el contenido del acto de habla sino todo lo que rodea a la forma en que el enunciado es emitido y el reconocimiento del receptor del propio acto de habla.  Además, concluye que: “toda realidad social posee una estructura lógica constituida lingüísticamente"

Concluiré afirmando que unas veces por torpeza, otras veces por virtud, el silencio acaba siendo la mayor parte de las veces la mejor opción.



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