El seglar es el superior de su propia orden

Hay personas que de alguna manera te marcan la vida. Su manera de vivir, su manera contemplar la vida te aporta un nuevo horizonte hacia el que caminar. Incluso recorren un tramo del camino junto a ti de forma providencial en el momento en el que ansías compañía… son como un regalo. No suele haber muchas personas así. Hoy, no sé muy bien por qué, he recordado a una de esas personas. Lo cierto es que hace mucho tiempo que no sé nada él. Me imagino que de la misma inesperada forma en que aparecen, también silenciosamente se desvanecen. Forma parte de su carisma. Recuerdo las largas conversaciones en un modesto restaurante frente a la estación, unas veces de autobuses otras de trenes. Cursos y charlas compartidos en torno a Mounier, economía solidaria, periodismo… Aquellos interminables paseos (dos pasos hacia delante, una pausa, tres pasos, una nueva parada…) cogidos del brazo. Siempre con preguntas, siempre con innumerables propuestas, siempre viendo lo que los demás apenas podían intuir. Hace mucho que no sé nada de Luis Capilla, (ése que se trajo al mismísimo Guillermo Rovirosa a Madrid y es historia viva de historia de la Iglesia española) incluso temo que hayan pasado ya tantos años que ni siquiera me recuerde. Pero yo sí recuerdo su generosidad, su opción por los pobres y por la comunidad, la radicalidad de su militancia y su cariño. Recuerdo también un buen puñado de frases, hoy: “el seglar es el superior de su propia orden”.



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