El carácter estratégico de la educación de la interioridad en la innovación educativa (y2)

Las escuelas pueden poner en marcha proyectos de inclusión de dispositivos digitales en el aula, o quizá el trabajo basado en proyectos o en retos sobre la base de equipos cooperativos, ahora parece que lo más demandado son las sesiones de robótica. Y no es que esto esté mal o que vaya a perjudicar a la escuela en sí misma. Pero, ¿hacia qué dirección estamos caminando? En el momento de implementar estos proyectos de innovación ¿pensamos que realmente mejoran el proceso educativo del alumno? Si no cuidamos el factor más puramente  humano del alumno: sus relaciones, su reconocimiento, su imagen y autoconcepto, su capacidad de trascender, su lugar en el mundo, su vivencia del fracaso... poco aportarán todos los programas de innovación educativa. Y algo que suele pasar más desapercibido aún: ¿Hay algún tipo de coherencia entre los diversos modelos que subyacen a todas estas opciones didácticas? ¿Somos conscientes de que, incluso en algunos casos, adoptamos modelos pedagógicos antagónicos?



Mi propuesta es muy sencilla: un proyecto de innovación educativa ha de ponerse a prueba confrontándose con el proyecto de educación de la interioridad. En caso de no ser armónico en sus opciones, simplemente no hay que sumarse a este carro por muy atractivo que nos lo presenten. Aquí radica el carácter estratégico de la educación de la interioridad. El criterio de validez de la educación de la interioridad radica en la consonancia con el paradigma posmoderno en el que habitan tanto los alumnos como la propia escuela en sí; pero además los proyectos de educación de la interioridad son la bisagra que articulan las opciones de pedagógicas y las opciones de educación en valores (o pastorales en los centros católicos). Por tanto, un proyecto de educación de la interioridad o es una opción estratégica del proyecto educativo del centro o no será. Evidentemente, esto tiene unas consecuencias prácticas: inversiones económicas, opciones organizativas, esfuerzos formativos, perfiles de recursos humanos... Pero hemos de asumir todas estas exigencias porque en la maraña de la innovación educativa, la educación de la interioridad es la brújula que puede dar dirección y sentido a toda nuestra acción educativa.


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