Interioridad eclesial

Era la primera vez que me pedían formación sobre educación de la interioridad en un ámbito diocesano. Fue la semana pasada en Santander, en el marco de unas jornadas de formación pastoral. Lo nuevo siempre nos llena de prevenciones y la prudencia suele ser una virtud recomendada ante lo desconocido. Entre las veinticinco personas que acudían al taller había profesores de religión de escuela pública y catequistas, totalmente desconocedores de los proyectos de educación de la interioridad que están llevando adelante en la escuela concertada. “Una propuesta, una experiencia, algunos recursos”. Tal y como mencionaba el título todo versaba en torno a que un lacasito les hiciese moder el anzuelo de la educación de la interioridad. Tras hora y media compartiendo, un buen puñado de gente se quedaba para darme las gracias. Finalmente, se me acercó un sacerdote (su vestimenta así lo manifiestaba) y me dijo: ¡Dame un abrazo!  

Nos reímos a carcajadas, respiramos profundamente, comimos, cantamos, dialogamos, imaginamos… y soñamos con planes de interioridad parroquiales y diocesanos… 




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