Migajas filosóficas

Pocas personas saben que mi primera inquietud filosófica vino de la mano de la ética y especialmente de la filosofía política: mi trabajo de fin de carrera tuvo como objeto demostrar la relación entre ambas utilizando el concepto de libertad como ejemplo. Sin embargo, a medida que me fui separando de la facultad y empecé la docencia pude ver con claridad el gran reduccionismo que supone hacer de la filosofía únicamente un saber práctico. Cada vez que oigo en boca de los políticos la frase: hay que recuperar la filosofía para que nuestros jóvenes tengan espíritu crítico, me echo a temblar. Comienza la dictadura de la opinión y los opinadores. Como si tuviese mucho mérito decir lo contrario de lo que dicen los demás, siendo eso exactamente lo que hacen los niños de dos años. A nuestros políticos les pondría de tarea leer cada una de las “Críticas” kantianas, para volver a darles permiso a decir semejante frase. De nada sirve la libertad de expresión si no hay libertad de pensamiento que diría el filósofo español Emilio Lledó.

Por eso, recuperemos el lugar que le es propio a la filosofía, por supuesto. Pero, sobre todo, recuperemos toda la filosofía: la gnoseología, la epistemología, la antropología, la lógica formal, la metafísica, la estética, la teodicea… No nos conformemos con migajas filosóficas.


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