“Erraba solitario como una nube”

El romanticismo en literatura no sólo es la época del sentimiento y los poemas de amor, como marca el estereotipo; sino que estamos en una nueva forma de percibirse como autor, un profundo trabajo de introspección y de armonía con la naturaleza. William Wordsworth está siendo un gran descubrimiento, a pesar de que no me gusta leer poesía traducida, y sorprende leer la metáfora del “ojo interior” en el contexto del romanticismo inglés tan alejado de la literatura mística española.


Erraba solitario como una nube
que flota en las alturas sobre valles y colinas,
cuando de pronto vi una muchedumbre,
una hueste de narcisos dorados;
junto al lago, bajo los árboles,
estremeciéndose y bailando en la brisa.

Continuos como las estrellas que brillan
y parpadean en la Vía Láctea,
se extendían como una fila infinita
a los largo de aquella ensenada;
diez mil narcisos contemplé con la mirada,
que movían sus cabezas en animada danza.

También las olas danzaban a su lado,
pero ellos eran más felices que las áureas mareas:
Un poeta sólo podía ser alegre
en tan jovial compañía;
yo miraba y miraba, pero no sabía aún
cuánta riqueza había hallado en la visión.

Pues a menudo, cuando reposo en mi lecho,
con humor ocioso o pensativo,
vuelven con brillo súbito sobre ese ojo
interior que es la felicidad de los solitarios;
y mi alma se llena entonces de deleite,
y danza con los narcisos.

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