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En ocasiones uno asiste bloqueado al dantesco espectáculo que es ver cómo se van apilando las tareas pendientes. La gasolina de la vida se agota a veces demasiado pronto. El cálculo de esfuerzos no ha sido el adecuado. Nos levantamos cansados, porque nos robamos el sueño. Los descansos no son tales, en realidad. Porque hasta el ocio se ha convertido en una dura tarea: viajes, actividades, visitas... . Estamos en “pantalla azul”: se  ha colgado el sistema. Sabemos que el mito multitarea nos daña. Sabemos que un software inadecuado puede producir daños en el hardware. El problema es que aquí la informática es tan sólo una metáfora de la persona. Tenemos un software, una mentalidad, un estilo de vida... que nos está rompiendo. Pero nos seguimos vanagloriando de ello. Sí, mostramos con orgullo nuestra agenda llena, los kilómetros acumulados, los cientos de fotos, las horas de trabajo...

El filósofo surcoreano Byung Chul Han describe esta epidemia de forma magistral en La sociedad del cansancio. Este pequeño ensayo, como todos los demás del autor, es absolutamente certero en su diagnótico de la cultura occidental cuando afirma: “La economía de la eficiencia y de la aceleración la conducen a la desaparición.” El hombre tardomoderno es “hiperactivo e hiperneurótico”. Y aquí el clásico análisis marxista ya no sirve, ya no hay dialéctica entre el patrón-obrero, expolotador-explotado. “La sociedad disciplinaria” quedó atrás, porque nuestra sociedad ha sublimado el concepto de producción,  ahorae el “rendimiento se agudiza y se convierte en autoexplotación”. Lo que nos conduce a un análisis que va más allá de las patologías psicológicas, que se nos presentan como efectos, estamos ante la propia manera de percibir y proyectar nuestra propia existencia. “El aburrimiento profundo”.

El giro final es plantearse que “la vida contemplativa es más activa que cualquier hiperactividad, pues esta última representa precisamente un síntoma del agotamiento espiritual.” La espiritualidad negativa, propia del no-hacer, tan genuina de la cultura oriental entronca con la necesidad de una “pedagogía del mirar” y nos redescubre nuestra propia tradición contemplativa.  Nos sorprende con “la indiferencia cordial del entretiempo”.

Podríamos añadir cientos de citas de este soprendente libro, pero reproduzcamos aquí el final:

“El «cansancio fundamental» suprime el aislamiento egológico y funda una comunidad que no necesita ningún parentesco. En ella despierta un compás especial, que conduce a una concordancia, una cercanía, una vecindad sin necesidad de vínculos familiares ni funcionales [...] Aquella «comunidad de Pentecostés» que inspira el «no-hacer» se opone a la sociedad activa. Handke se la imagina «cansada sin excepción». Consiste en una sociedad de los cansados en sentido especial. Si «la comunidad de Pentecostés» fuera sinónimo de la sociedad futura, entonces la sociedad venidera podría denominarse sociedad del cansancio”

Confiemos. Mirenos con esperanza esta época posmoderna que puede hacer de la globalización un diálogo, un espejo que nos devuelva nuestra propia mirada, que nos convenza de la necesidad de reiniciarnos, quizá un formateo. De momento: Ctrl+Alt+Supr

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