Chinchetas

Hoy este humilde blog se convierte en diario. Hace apenas unas días recorríamos las calles de Londres. En pleno invierno, con lluvia, sol y viento. Barrios, metros, museos, autobuses, aviones, tiendas… Llamar “casa” a una habitación de hotel y cenar sobre la cama en calcetines. Hacer mudanza en cuatro maletas para unos pocos días. ¿Todo esto merece la pena? ¿Hay algo que mirar más de las fotografías? 

Hay un idioma que entendemos a medias, unos alimentos que nunca juntamos en el plato. Tenemos que pensar lo que valen las cosas, cambiarnos de lado en las aceras y mirar para el lado correcto. La incomodidad de lo diferente, enamora.

Me imagino aquellos primeros griegos del Ática viajando a las colonias en Jonia.¡Qué diferentes eran aquellos milesios! Cómo no preguntarse por su manera de vivir, su manera de ver el mundo. Ya no había vuelta atrás. Tras aquel primer encuentro,se entreabrió la puerta de la filosofía para no cerrarse jamás. 

El contraste cultural es la condición necesaria para que no se pierda esa capacidad de asombro que llevamos dentro. Sólo conozco dos maneras de conseguir esto: leyendo y viajando. Mientras siga aguantando el cuerpo y la cuenta corriente, sigamos poniendo chinchetas.

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